¡Toc, Toc! ¿Quién es?

Publicado: 23 diciembre, 2014 en Retazos

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Mi amiga Josune Magunazelaia vuelve a pellizcar la fibra sensible de todos. En ésta ocasión con un relato que la toca muy de cerca. Os invito a leer estas sentidas lineas nacidas de su pluma. Absorber su mensaje vivencial que fluye como luz del sol. Por eso comparto, con todos mis lectores sexpirituales, la lección de vida y amor que nos regala ésta fabulosa escritora en vísperas de la llegada del Olentzero.

¡TOC, TOC! ¿QUIÉN ES?

Luis, era un hombre con fuerza y energía, que a pesar de sus 73 años, necesitaba estar activo. Después de toda una vida trabajando y habiendo sido un gran deportista, ahora disponía de mucho tiempo libre, ya que estaba jubilado, y había decidido sentirse útil para con los suyos.
El bueno de Luis se había impuesto una tarea, y desde el nacimiento de su nieto Jokin, había decidido pasar el mayor tiempo posible con él y disfrutarlo; por eso, desde que el niño empezó la escuela, con dos años, era Luis quien se encargaba de ir a recogerlo al colegio, darle la merienda y llevarlo un rato a jugar al parque.
Jokin y el abuelo, tenían una forma especial de saludarse y, en cuanto el niño salía por la puerta del colegio, buscaba con su vivaz mirada esa tierna figura algo encorvada, a la que tanto adoraba, y corría veloz a su encuentro. Se ponían uno frente al otro. Jokin se tapaba los ojos con ambas manos y esperaba, a que su abuelo Luis, golpeara suavemente con sus grandes nudillos.

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– ¡Toc, toc! –decía Luis, contagiado de la alegría de su nieto.
– ¿Quién es? – preguntaba el niño divertido.
– Soy el abuelo Luis.
– Muy bien, pasa – sonreía picaruelo el pequeño esperando la siguiente pregunta.
– ¿A dónde quieres que vayamos hoy?
– ¡Al parque! – gritaba Jokin retirando las manos de su rostro y propinando a su abuelo con un tierno abrazo y un sonoro beso, que a Luis le recompensaba con creces, el largo paseo hasta la escuela.
Así fue durante años. Sucedía día tras día, y aunque Jokin ya contaba con 8 años y sabía volver solo a casa, esperaba con impaciencia ese momento. Sabía, que para el abuelo, aquello era importante y era un lazo que les unía de una forma muy especial. Algo que solo compartía con él.
Un día, a la salida de clase, cuando Jokin buscó con una mirada rápida, entre todos los adultos que esperaban, observó extrañado la ausencia de su abuelo Luis. Pasado un rato, y después de ver cómo poco a poco los demás niños se marchaban acompañados, quedando él únicamente en el patio del colegio, decidió emprender su vuelta a casa en soledad.
Su paso era ligero y decidido, ya que aquel trayecto lo había recorrido en compañía del abuelo un número infinito de veces, y sabía que no tenía pérdida. De pronto, al doblar una esquina, en uno de aquellos bancos del paseo, vio la figura cabizbaja y nerviosa de aquel ser tan entrañable, su abuelo. El corazón le latía tan fuerte, que golpeaba su pecho como un tambor y dos lágrimas rodaron por sus mejillas de emoción.
– ¡Abuelo! –lo miró con ternura -¿Qué haces aquí?
– ¡Jokin, Jokin! ¿Estás bien? Lo siento, no sabía ir a tu colegio, me he perdido.
– Tranquilo abuelo, no pasa nada. Estoy bien.

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Jokin lo abrazó con fuerza, lo besó, le cogió de la mano y juntos, como siempre, fueron hasta casa.
A los pocos días, Luis acudió al médico y allí le dieron la mala noticia. Le dijeron que tenía Alzheimer, esa horrible enfermedad degenerativa, que hace que pierdas todos tus recuerdos, después de haber necesitado una vida entera para poder reunirlos.
Ya hace casi tres años de aquel día, y desde entonces, su vida y la de Jokin han cambiado por completo. Pero, aunque su ritual es otro, sigue siendo igual de bonito…
Ahora, es Jokin el que sale del colegio sin detenerse en nada, corre rápido y veloz a través de las calles hasta llegar a casa. Abre la puerta con su llave, responsabilidad de adulto, y sin quitarse siquiera la mochila de su espalda, corre hasta la sala de estar, en busca de la persona que está sentada en la hamaca con la mirada perdida.
Al verlo, tan indefenso y desprotegido, su corazón se enternece y sus ojos se llenan de brillo. Se acerca, coge sus arrugadas y entumecidas manos, tapa esos ojos que han visto tanto con ellas, y le dice:
– ¡Toc, toc! ¿Quién eres y a dónde vamos?
Y una voz suave y temblorosa contesta:
– No sé quién soy, no sé a dónde vamos…Solo sé, que quiero ir contigo.
Entonces, Jokin lo abraza y lo besa con mucho cariño.
– Eres el abuelo Luis, nos vamos al parque y yo soy Jokin, tu nieto, que te quiere con locura. ¡Vamos!

“ No sé cómo sigue este cuento,
que todavía no ha terminado.
Temo conocer el resto,
de este relato inacabado.”

Musuak. Besos. Josune Magunazelaia.

Ritxard Agirre

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comentarios
  1. Alicia dice:

    Hoy sábado le dedico el día a mi madre, y, al entrar en la página y leer la frasecita de marras con la que me recibe :” en que estas pensando”, curiosamente me enfado y a la vez me encuentro mentalmente contestando. En alguna que otra ocasión también lo hago empleando la voz, aunque, jajajajaj, he pensado no escribir el “taco” que empleo.
    Pero, hoy no. Cierto es, que me cuesta dejar la pereza aparcada en mi sillón favorito, desconectar el reproductor de música, que desde el salón me regala con el Concierto de Aranjuez, y trasladar mi atención sobre los requerimientos que mi madre tiene. En estos momentos se encuentra en el Centro de Día, ella dice que va a la “escuela”, y se describe a sí misma como la mejor de todos los “alumnos”.
    Iré hacer la compra para toda la semana, y a las cinco de la tarde esperare al autobús que junto a la puerta de su casa, aparca. Baja por la escalera y mira a ver quien la va a recoger, creo que espera ver a alguien que recuerde su memoria ya perdida, y dudo que ese primer instante le ofrezca información sobre quién soy.
    Cuando le pregunto en alguna ocasión sobre mi identidad o parentesco con ella me contesta con ” creo que algo mío”, rara es la vez que dice mi nombre. Pero fugazmente suelo reconocer atisbos que relajan el miedo a lo desconocido.
    Desde el instante que le ofrezco el brazo, para terminar de bajar las escaleras y la saludo con un : ¡ hola Encarnaaa ! escucho su voz, diciéndome que si he venido a verle. Suele normalmente seguir un diálogo de frases que no tienen nada que ver unas con otras, a las que aporto información variada sobre posibles datos que le recuerden que formo parte de su vida.
    Espera de mí que le ofrezca lo que como un ritual hace diariamente, y si tengo la suerte de uno de “esos” extraños días con los que me regala comentarios llenos de razón, consigo llevar la conversación por derroteros donde doy rienda suela a la risa. Ya no puedo pensar en ella como el concepto que tenemos todos de “madre”, recurrir al cariño, al apoyo, o al consejo, incluso a la regañina por algo que no le gusta que hice. ¿ Se puede en un momento, a lo largo de la vida olvidar lo que representa una madre? …………
    yo, quiero a mi madre. Hoy, sólo es Encarna.

    • Josune Magunazelaia dice:

      Hola Alicia.
      Soy Josune, la autora del cuento ¡Toc, toc! ¿Quién es? y no te haces una idea de lo identificada que me siento contigo…
      En mi caso es mi padre, Luis Mari, protagonista del cuento, que ya no es mi padre, sino un atisbo de él.
      Creo que a todas las personas que permanecemos cerca de ellos, nos pasa lo mismo. Todos los días, nos ponemos delante de sus ojos con la esperanza de un reconocimiento de nuestra persona, que muy pocas veces es recompensado. Yo, hoy en día me conformo con su sonrisa. Esa sonrisa, que pocas veces me muestra, con su mirada perdida sumada a una inseguridad que se descubre en sus manos, ya que es lo poco que mueve, y que me reconforta.
      Sé, que a su modo y a veces, es feliz o por lo menos, quiero creerlo. Y con eso me doy por satisfecha.
      Un beso enorme y mucho ánimo.
      Josune Magunazelaia

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