LA «OFENSA» Y LA MADUREZ

Publicado: 12 agosto, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, allá por los 80, con el tema del mariconeo no se bromeaba. Es serio, si alguien te llamaba «maricón» o similar, el insulto era muy grave y no existía más remedio que recuperar tu honor partiendo la cara al sujeto que te lanzaba tamaña «ofensa».

Era eso o que retirara el agravio.

Luego, en mi adolescencia y juventud, allá por los 90 y en adelante, la cosa se relajó. Gracias al humor, el tema de la homosexualidad se integró en la sociedad. Ya no era insultante que te llamaran marica, se tomaba con mofa y era argumento para mil chistes y bromas. Era el síntoma de que tu orientación sexual, en el fondo, no le importaba a nadie.

Realmente, aquello fue un paso adelante.

En la actualidad, sobre gays y muchos otros colectivos no se puede hacer ni la más mínima burla. Estamos en la cultura del «todo es ofensivo» y, en mi opinión, esto es un atraso.

Sí, es un retraso monumental.

Me explico: «ofender» es importante. Lo es porque si no debatimos, incluso si no nos reímos de todo, entonces no nos reímos de nada. Todos los seres humanos lo hemos pasado mal en algún momento: algunos, por ser bajitos; otros, por ser feos; otros, por ser calvos; otros, por no ser lo suficientemente listos o talentosos; en definitiva, por mil cosas. Y hacer humor de ello es liberación.

Aunque joda, porque en alguna ocasión te va a tocar también a ti, hay que aprovecharlo, porque es una forma de madurar y crecer. ¿Por qué? Porque te obliga a gestionar la «ofensa». Te exige, primero, recibir el gancho del escarnio y, segundo, trascenderlo. Entonces, ya no tomas la ofensa como propia. La persona, por fin, puede reírse de lo que antes la enfurecía.

Para aprender, todo funciona prácticamente igual. Por ejemplo, en artes marciales, tan importante es recibir un golpe, por supuesto controlado y con moderación, como darlo. Porque ese es, a mi parecer, el camino del conocimiento: compartir.

Un gran paso es, sin lugar a dudas, no tomarse personal nada o casi nada. Generalmente, porque no lo es. A veces, cuando debato con un sujeto y este se enoja, caigo en la cuenta de que toma mis argumentos contra su persona y no contra sus ideas. En ocasiones a mí también me pasa, como a todos, y, cuando soy consciente, reculo.

Es muy triste que suceda esto porque nosotros no somos una o varias opiniones, por muy bien ejecutadas que estén. Pienso que somos algo mucho más elevado, y solo la madurez emocional, o al menos así lo entiendo, nos puede llevar a deducirlo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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