EL INSULTO DEL «REDUCCIONISMO»

Publicado: 14 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, adolescencia y juventud, cuando ETA estaba en un apogeo de sangre y muerte, recuerdo las miradas de la gente cada vez que estaba fuera del País Vasco y había un atentado.

Como si mi familia y mi círculo fuesen responsables.

Como si yo tuviera algo que ver.

En verdad, aquello era muy incómodo.

Hace poco, una persona de unos cuarenta años, afín al PSOE, en un debate me señaló como parte responsable, por mi condición de hombre blanco y heterosexual, de que ciertos «colectivos» sufrieran ciertas desigualdades.

Para especificar, me culpó de que la mayoría de las mujeres eligieran libremente (aunque esto último no lo valoró) carreras universitarias del campo de las artes y las humanidades, que no están tan bien remuneradas en convenios laborales como las carreras técnicas que suelen elegir los hombres, es decir, informática, ingeniería, etc.

Hay que señalar que las mujeres son mayoría en las universidades, pero nadie denuncia esto como un problema de desigualdad, claro.

Lo curioso es que este señor no se incluyó también como «responsable» supremacista porque no es heterosexual. Él, por supuesto, está en otro «colectivo oprimido» de esta pirámide social en la que parece que estamos viviendo. Y yo soy un «machirulo» privilegiado, que debería sentirme culpable de que las chicas no quieran ser ingenieras en lugar de maestras.

El debate se acaloró un poco porque no permití que me colectivizara. Igual que cuando los terroristas ponían una bomba, y tenía que soportar silenciosas miradas acusadoras sobre mi persona.

Esa forma de colectivizarnos a todos es muy típica de hoy en día: simplifica hasta el absurdo los comportamientos humanos, sin llegar a analizar en profundidad y con justicia las complejidades y las variables individuales.

En definitiva, es injusto y, además, insultante.

Y esto, en psicología, se llama «reduccionismo».

Soy un individuo, una persona, un librepensador; y lo que yo hago mal, no se extrapola a los demás, aunque me metan en un mismo grupo por mi sexo, raza o religión.

NO lo permito.

Solo soy responsable de lo YO hago.

Si me violaran un grupo de gays, ¿serían responsables todos los homosexuales? Si me atracara un inmigrante, ¿serían responsables todos los extranjeros? Si tuviera mala suerte en el amor, ¿serían responsable todas las mujeres?

Sería de LOCOS, ¿verdad?

Esto, lamentablemente, es la izquierda de hoy en día: una izquierda inmadura e infantil. Divide a la gente entre opresores y oprimidos. Dicotomiza la sociedad entre «buenos y malos». Niega las individualidades de las personas y, por consiguiente, enarbola la peligrosa bandera de la «justicia social».

Las ideologías, cualquier ideología, llevadas al extremo se convierten en sectas; la razón y la lógica se hunden en la miseria y solo tiene valor el adoctrinamiento emocional, bien controlado por puntuales dogmas.

Lo siento, pero no compro este «producto».

Yo no compro fanatismo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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