LA «ODISEA» DEL VOTO

Publicado: 28 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

Votar es una desdicha.

Una desdicha en los tiempos que toca vivir.

Los partidos políticos son como sectas, es decir, con poca o nula autocrítica; eso les impide entender que, a veces, erran. En ocasiones, la izquierda tiene razón; en otras, la derecha, e incluso, en algunos aspectos, por increíble que parezca, la extrema derecha y la extrema izquierda pueden tener más lucidez.

Sin embargo, las ideologías cerradas de los partidos les impiden crecer y, para un inconformista, el voto se convierte en una odisea. Sobre todo, porque me gusta votar con responsabilidad.

Decía Ortega y Gasset (filósofo y profesor español, 1883-1955) que: «El hombre no tiene naturaleza, solo tiene historia».

Y mi historia, hasta el momento presente, tiene una parte latente de idealismo. No obstante, en temas que a todos atañen, es decir, los sociales, suelo inclinarme por el pragmatismo. Me gusta tener una vida ordenada, pero sin perderme el placer de conservar una mente abierta. Gozo mucho de la compañía de otros pensamientos y culturas.

De la derecha no me gusta su autoritarismo ni sus posiciones herméticas y piramidales de poder, y de la izquierda, no me place su incapacidad de dar stop a políticas que nos van a perjudicar a corto plazo, como abrir fronteras sin control y regalar el dinero de todos a ciertos colectivos «oprimidos», para ganar votos y producir clientelismo electoral. Pero lo que menos soporto es su prepotente superioridad moral.

La izquierda posmoderna y radical no solo es ignorante, sino que además se inventa con descaro sus verdades, ideologías como el «construccionismo social» y la «posverdad», que niegan la lógica y la ciencia, y que tanto daño hacen al conjunto de la sociedad.

En el aspecto geográfico me ha tocado nacer en Bilbao; por tanto, soy vasco, aunque no soy independentista más que de mi propia individualidad. Me gusta que tengamos autonomía, fueros y estatuto, y no concibo una tierra euskaldun sin cierto grado de soberanía social.

Tampoco me gusta en demasía la bandera española y, mucho menos, la monarquía, que me parece casposa y arcaica.

Nada me place que la Iglesia Católica se lleve parte de mis impuestos y, para más inri, sea beneficiaria de cierta clase de exenciones fiscales, como, por ejemplo, no pagar el IBI.

Así que, con este cuadro vivencial, por favor, ¿alguna mente iluminada puede decirme a quién demonios, o dioses, debo votar?

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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