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EL ABRAZO QUE NO DÍ

Publicado: 10 diciembre, 2018 en Artículos Opinión

Cuartel del Teniente Galiana (Valladolid)

Las personas se dividen en dos tipos: las que ven todo en blanco o negro y las que son capaces de ver el Arco Iris.

No hace mucho era de los primeros…

Recuerdo en los duros ochenta, la dicotomía política en el País Vasco: España, opresora, y Euskal Herria, victimaria.

Los grises no existían.

Como hoy el tema del terrorismo, la kale borroka y ETA han sido trascendidos, los binarios han necesitado, como buenos marxistas, buscar un nuevo enemigo.

Y la nueva guerra es: hombre heterosexual y blanco, siempre maléfico y tirano, y la mujer, ser de luz y perpetua víctima.

Un horror para los sensatos y un nuevo maná para los fanáticos.

Cuando aún vivía la existencia de forma bidimensional, buenos y malos, fui destinado a Valladolid a cumplir con el ejército y jurar bandera.

Y el SOPAPO DE REALIDAD fue antológico.

Vista panorámica del Teniente Galiana

Conocí gente de todos los lugares de España, sea de mando y tropa, de los que muchos eran individuos despreciables y, otros muchos más, personas admirables que tuve la gracia de conocer.

Es curioso que realmente conoces a la gente cuando lo pasas mal, pero rematadamente mal. Dicen que el dinero cambia a la gente, y es mentira. El dinero solo te muestra tal y como eres, y es en la penuria y los tiempos duros cuando los seres humanos sacan, algunos, lo mejor de sí mismos y, también otros, lo peor.

De aquello hace más de veinte años y en aquel cuartel pucelano, de nombre Teniente Galiana, las pasé putas entre desfiles, mandos déspotas, marchas nocturnas con petate, armas pesadas y arrestos ridículos.

Todo para curtirte y hacerte un «hombre».

En aquellos meses infernales hice una importante amistad, de nombre Miguel, y natural de León.

En aquel entonces a ETA aún le gustaba dar plomo y, a cualquier vasco, solo por el hecho de serlo, se nos miraba con ojeriza.

Sin embargo, a Miguel aquello no le importó y se convirtió en un pilar para mí. Solo le importaba mi calidad como ser humano. Y eso, a pesar de que él era un español convencido y, yo, solo alguien que buscaba estar allí sin más pasión que intentar arrimar el hombro lo menos posible.

Pasarlas canutas crea lazos tan intangibles como rígidos. Si no hubiera sido por él, mi estancia allí, tal vez, hubiera sido mucho más lamentable.

Un pino se parte y cae sobre la tapia del acuartelamiento Teniente Galiana (Academia de Caballería).

A Miguel, por alguna razón que no llego a comprender le caía bien y me ayudaba mucho con las faenas físicas. Él era mucho más fuerte y hábil cuando había que tirar de la potencia bruta, que era la mayoría de las veces. Puede que le compensara que cuando teníamos días de permiso para ir a emborracharnos, y a conocer chicas, se reía mucho conmigo.

En cierta forma, creo que le causaba ternura.

En la primera noche que salí por la ciudad conocí una moza, de nombre Marta, y natural de Valladolid, que me ayudó también a pasar esos meses. Era importante que una fémina me escuchara y me regalara besos cómplices.

A la pucelana y al leonés les debo mucho. Me enseñaron el ímpetu del ser humano por compartir mucho más allá de ideologías y de banderas.

Miguel y yo buscamos la manera de pedir después de la jura de bandera ir al mismo destino. Yo iba a Munguía y él deseaba cambiar su plaza para que siguiéramos juntos y conocer mi tierra, Euskadi.

Al final, la rigidez militar, lo puso imposible.

Recuerdo el día de la despedida. Íbamos en el transporte público urbano que nos iba a dejar en la estación de autobuses. Un autobús en el que cada uno se iría a su nuevo destino. Lo recuerdo muy bien. De pie ambos, incapaces de mirarnos a la cara, porque si lo hacíamos nos íbamos a derrumbar.

Al menos, yo.

Dicen que el ejército te hace un hombre rudo y en este ejemplo esa teoría se desmonta. Me arrepiento de no haberme podido despedir como Dios manda; fijando mis ojos a los suyos.

Miguel, si la providencia te hace llegar este post, déjame que te dé las gracias. Mi gratitud por tu apoyo. Por la vez que yo arrestado te llevaste mi ropa para que tu madre la lavara. Por remover cielo y tierra por seguir juntos. Por tu amistad sin juicio. Por tus conversaciones de mujeres. Por las noches de alcohol. Por levantarme del barro cuando me caía. Por no enfadarte cuando te despertaba en la tienda de campaña que compartíamos, en esas jodidas maniobras militares, con esos horribles ronquidos tuyos. Por tantas cosas que, sí, que te merecías unas sinceras lágrimas y un abrazo

Un abrazo que no te di.

Ritxard Agirre https://ri2chard.wordpress.com/

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Estuve en San Mames en el partido contra el Getafe y, en verdad, muchas cosas me vinieron a la mente.

Una de ellas es la falta de autoestima que en mi infancia se respiraba en este país. Lo de fuera siempre era mejor que lo de casa. Tal vez, el venir de una dictadura creó un complejo de inferioridad en la población respecto a nuestros vecinos de la Unión Europea. El fútbol era una buena muestra de la sociedad en la que vivíamos. A los jugadores extranjeros que venían a la liga española, a poco que hicieran, se los ensalzaba cual dioses del olimpo, y al jugador nacional se lo ninguneaba cuando muchas veces tenía igual o más calidad que los foráneos.

En el Athletic, por su filosofía, no pasaba esto en el verde, pero sí en los banquillos.

Imagen de San Mamés instantes antes de su encuentro contra el Getafe

Y esa falta de estima profesional por los de casa sigue vigente en la actualidad. El año pasado, al anterior inquilino del banquillo bilbaíno, José Ángel Ziganda, no se le pasó ni media en cuanto la nave rojiblanca empezó a hacer aguas. Cierto es que el navarro ha demostrado, hasta el momento, haber sido mejor jugador que míster.

Sin embargo, esto no pasa hoy con el argentino Eduardo Berizzo.

Al menos, no tanto.

El exjugador de los Newell’s Old Boys ha tenido mucha más mano ancha y apoyo desde los medios que el exdelantero del Athletic y Osasuna.

Ahora el Athletic está en puestos de descenso, con un juego pobre, un futuro incierto, y, en cualquier otro club, la cabeza del entrenador habría sido cortada y puesta en bandeja hace ya bastantes jornadas.

Los jugadores rojiblancos saben de su importancia y de la «no competencia» que tienen más allá de las fronteras de Euskal Herria. Por lo tanto, imponen su partida de nacimiento como un haber en su profesión, y no su rendimiento o valía.

Y es normal que así sea. Cualquier técnico, si es conocedor de que su trabajo no puede hacerlo nadie más que él, usa esa información como poder absoluto en su beneficio, y la empresa, a tragar con las condiciones que imponga su currante.

Es así de sencillo. Los jugadores son profesionales, y las emociones son para los aficionados y los forofos.

Ziganda y Valverde, los dos delanteros titulares de principios de los 90 y últimos entrenadores nacionales del Athletic, con suerte dispar

Ya sé que muchos puristas me vais a matar, pero tengo la sensación de los que mejor queremos al Athletic (no digo más, digo mejor) somos los que cuestionamos la filosofía del club del «Botxo».

¿Es el equipo vizcaíno acaso una filosofía o es algo más?

Yo creo que no solo es una ideología o una forma de vivir, es, sobre todo y ante todo, un club de fútbol. Es hora de abrir mercados y, de paso, regularizar a sus activos, es decir, los jugadores, de una manera más justa.

Muchos que están a favor de la tradición, de solo jugar con muchachos que han sido paridos en suelo euskaldun, dicen que tener jugadores de fuera de las fronteras vascas no garantiza salvar la categoría y ponen de ejemplo a nuestros vecinos de la Real Sociedad o al poderoso Atlético de Madrid, que descendieron a segunda división no hace tanto.

Claro, tienen razón. No hay nada seguro en la vida. Sin embargo, me darán la razón en que, con un frío polar ártico, es más seguro salir a la calle bien protegido, con una fuerte indumentaria, que en tirantes o con solo una camiseta de verano.

Entiendo el romanticismo como el que más. No obstante, también hay amar desde la lógica. No somos un ente independiente del cosmos. No, no lo somos. Todo cambia, menos el cambio, explican en Oriente, y el Athletic debe cambiar, porque lo que no cambia, por ley física, muere.

Y yo quiero que el Athletic viva.

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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19N: EL DÍA DEL HOMBRE

Publicado: 19 noviembre, 2018 en Artículos Opinión

No supe de la existencia de un «Día Internacional del Hombre» hasta que surgió la polémica por las declaraciones de una tertuliana feminista en televisión, en las que comparaba a todos los varones con terroristas.

Es una pena tanta frivolidad, tanta simpleza argumental, tanto reduccionismo y, sobre todo, tanta demagogia campante en los medios de comunicación.

Es una pena sí, y siento lástima, más que enojo, por esas personas a las que su ideología ha devorado, porque son incapaces de ver más allá del negocio «victimista» y de una doctrina de lo más pueril.

Probablemente, los seres humanos seamos corrientes y mediocres, en el sentido de que si nos tocan los cojones, nos tornamos diabólicos, y, si nos tratan con cortesía, somos amables.

Pero retomemos la celebración del «Día del Hombre», que me estoy yendo del tema…

Imagino que casi todos los hombres, en algun momento puntual, hemos querido ser como Homer Simpson.

Concibo que, como varón, debo perseguir mi masculinidad y potenciarla, hacerla crecer, desarrollar mi propio camino de la forma más correcta y noble.

Y entiendo que, como hombre, perseguir ser mejor persona no tiene nada de malo, sino todo lo contrario.

No obstante, reflexiono que también tengo una porción femenina. Pienso que todos tenemos una parte de yin y otra de yang; y si no te relacionas con esa mitad, estás perdido, o al menos no alcanzas tu mejor rendimiento ni lo mejor de ti mismo.

Los hombres conectamos con nuestra parte yin (femenina) a través de las mujeres, de cómo compartimos con ellas, cómo las comprendemos y cómo entendemos que muchas de ellas pueden ser más emocionales que lógicas.

De la misma manera, las mujeres también conectan con su parte yang (masculina) a través de los hombres.

En mi opinión, si hiciéramos esto, el planeta, nuestro mundo, sería mucho más armonioso.

El camino no es la confrontación. Es cooperar y ayudarse hombres y mujeres, sin tanta guerra ni tanta competencia para dilucidar quién es superior.

No existe un «mejor» entre dos sexos que se complementan.

Los problemas de los hombres también existen y son importantes

Según las fuentes, el «Día Internacional del Hombre» comenzó en 1992, impulsado por un profesor de la Universidad de Missouri-Kansas (Thomas Oaster), y, ciertamente, no tiene tanta repercusión como, por ejemplo, su análogo (Día de la Mujer), que incluso recibe ayuda financiera pública en algunos países.

Sin embargo, hay muchas cosas por mejorar en la vida de los hombres y que merecen atención, aunque solo citaré una: la alta tasa de suicidio entre los varones, que triplica a la de las mujeres, y que en algunos países llega a ser incluso mayor (según las fuentes, en Rusia llega a ser hasta seis veces mayor que la de las mujeres).

Para finalizar, quiero decir que siempre he estado en contra de celebrar este tipo de días, llámese «del Orgullo Gay», «de la Mujer» o cualquier otro, porque si no se celebra «un día especial», se normaliza, y si se celebra, se frivoliza el tema.

Así que, sé que puede ser incoherente que celebre el «Día del Hombre». Si tuviera que hacer una excepción y celebrar un día de algo, celebraría el «Día del Niño» y sus derechos. No obstante, por motivos que todos conocemos, creo que es un poco transgresor que hable del día del hombre y escriba este post este 19 de noviembre de 2018. Además, tengo otra motivación, mucho más personal y emocional para mí.

Y es que llegué a este mundo una madrugada de un 19 de noviembre.

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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Quisiera en este post hablar de un tema que ya va siendo hora de trascender, de dejar a un lado la hipocresía para siempre, y ese asunto tan manido es la prostitución; sea esta masculina o femenina.

¿Hombres prostitutos? “Eso no existe”, dirán, o “será casi residual”. Bueno, no tengo ni idea de cuántos hombres venden su cuerpo por sexo, pero seguro que es ínfimo. Sin embargo, sí me gustaría que lean esta anécdota personal:

Hace unos años, tuve un encontronazo con la prostitución más subyugada en Bilbao. En la estación de tren de Abando, en el centro de la villa, fui a usar los urinarios públicos. Al poco de entrar en los servicios, me fijé en que estaba lleno de jóvenes marroquíes, bien vestidos y con buena presencia, que salían y entraban con diligencia de los excusados. Algo raro presentía y no me equivocaba. Al entrar, vi un anciano al otro extremo meando, o eso creía. Se me aproximó mientras yo estaba vaciando mi vejiga y, señores lectores, ¡estaba el octogenario empalmado como un toro mientras se pajeaba sin dejar de mirarme! ¡Vaya pedazo de nabo tenía el puto viejo! Descojónate tú del Nacho Vidal ese. Bueno, ahora me río, pero, en aquel momento, me sentí muy violentado; ni que decir tiene que salí de allí escopetado y no he vuelto.

Según algunas fuentes en el Reino Unido casi el 20% de la prostitución es masculina

Sí, ya ven, también hay mucho currela sexual varón e inmigrante en condiciones humanas que dan vergüenza ajena. Al menos, si lo hacen porque quieren, que disfruten de una decencia profesional; porque señores, si hay demanda, ¡esto va a seguir EXISTIENDO!

Y esto pasa todos los días, a plena luz, en el centro de nuestro queridísimo «Botxo».

En cuanto a los servicios sexuales mayoritarios, es decir, de mujeres a hombres tengo que decir que he conocido tipos, la mayoría muy inteligentes, con unas capacidades casi nulas para relacionarse con el sexo contrario.

Créanme, incapacidad total y cero autoestima con las chicas.

Es curioso que estos varones respondan a un patrón de personas con un alto cociente intelectual y que suelen ser, por lo general, informáticos, ingenieros o de cualquier otra carrera técnica para la que se exige una gran nota media en bachiller. Vamos, lo que en mis tiempos llamábamos un «cerebrito».

Cuidado, no estoy diciendo que todos los informáticos o ingenieros sean unos nerds o unos «planchabragas».

No.

El sinsentido de poner «puertas al campo»

Digo que a muchos de esos chicos les sobra talento para los estudios, pero carecen de inteligencia emocional. Incluso con sus propios amigos. Entonces, imagínate con las féminas. Son hombres que sufren porque no saben cómo acercarse a una mujer y, claro, cómo conseguir sexo y de paso, quién sabe, una relación sólida.

No soy psicólogo pero, tal vez, su desarrollada mente lógica se desmorona ante la percepción más emocional de una mujer…

Y es que la seducción para ellos es un juego que no comprenden.

En verdad, para muchos de estos muchachos una salida airosa es la prostitución. Por eso, y porque gente así ha habido siempre, defiendo la prostitución. No sólo porque es un trabajo digno, sino que además, en estos casos extremos, es incluso un servicio necesario.

la «doble moral» e incoherencia de los pensamientos totalitarios

Pero tampoco soy tan considerado…

También defiendo la prostitución para cualquier otra persona.

Sí, simplemente por gusto o porque sí.

Porque no veo ningún mal entre dos adultos que consienten y llegan a un acuerdo comercial beneficioso para ambas partes.

Es importante, repito como al principio del post, dejar la hipocresía y dignificar a los profesionales del sexo. Es necesario que la prostitución sea legal y que estas personas tengan el alta en la Seguridad Social y, así, poder tener sus derechos y deberes como cualquier otro trabajador, sea éste hombre o mujer.

Cierta gente y ciertos colectivos, generalmente feministas radicales, que están en contra de regularizar la prostitución, solo lo argumentan desde la moralidad. O más bien, desde SU, más que discutible, moralidad. Y la moralidad de cada uno no debe interferir en la legalidad. Porque, en mi opinión, en temas sociales, los argumentos emocionales NUNCA deben imponerse a los lógicos.

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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PATRIOTISMO Y COMPLICIDAD

Publicado: 10 noviembre, 2018 en Artículos Opinión

Chicas animando por sus colores en el pasado Mundial de Rusia.

Verdad es que nunca comprendí bien la pasión por una bandera. Entiendo que representa una idea de propiedad territorial, o digamos, geográfica. Los nacionalismos y patriotismos me desapasionan. Nada tengo en contra de la gente a la que se le inflama el corazón con una bandera, pero no comparto esa emoción. No es nada personal, no me sale y punto.

Por ninguna, además.

Eso no quiere decir que cuando hay un Mundial o una Eurocopa de fútbol, o algún torneo internacional de cualquier deporte y juegue un español, prefiera que gane la persona nacida en el país que habito.

¿Me hace eso ser patriota?

No lo creo.

Argentinas animando a la albiceleste

Simplemente, responde a una afinidad y complicidad cultural con la persona que compite. Por eso, si el deportista es vasco, tengo aún más afinidad. Y, si además, es vizcaíno, se aumenta. Y, si lo reducimos todavía más, y resulta que el deportista es de Bilbao y del barrio donde respiro, ¡ya ni te cuento!

Es el poder de la proximidad. Nada más

Por supuesto, no responde a ningún raciocinio lógico hinchar por alguien que ha nacido más cerca geográficamente de ti que de otro que no. Pero no puedo evitar que así sea.

Igual me pasa cuando no hay ningún vasco o español en el envite, que, por defecto, animo al hispano, si lo hubiere, porque nos une la lengua materna: el cervantino.

Decía Molière que prefería un vicio tolerante a una virtud obstinada. Y yo me tomo la licencia de tener este tipo de patrones emocionales para alentar a uno, u otro, profesional del deporte.

Pienso que cuando has competido, este tipo de pautas se diluyen un poco, porque aprendes el valor de que en el deporte gane siempre el mejor, sin injusticias. Por eso, si gana un francés a un vasco, un irlandés a un español o un senegalés a un hispano, si ha sido en buena lid, me alegro por el ganador.

Repito, SIEMPRE me alegro que gane EL MEJOR.

El apoteósico e imapagable partido entre Federer y Nadal en 2008 (Wimbledon)

Sin embargo, si gana por quien me hermano en la disputa deportiva, pero es de una forma injusta o, digamos, por un error de arbitraje, lesión o infortunio del contrario, entonces, no me alegro.

No me alegro para NADA.

Supongo que es porque una nacionalidad, sea la que fuere, no me define, porque aunque suene obvio, antes que nada soy un ser humano y, eso, es lo que más me importa.

Hace poco hubo una polémica, otra más, porque un humorista se sonó los mocos en la tele con la bandera española. Supongo que este bufón buscaba incendiar las mentes sensibles y, claro, lo consiguió.

Me da un poco de lástima, porque es muy fácil perturbar a personas que se sienten muy hermanadas con un emblema nacional. No obstante, quiero añadir algo: que a mí esto me aburre un poco. Y me cansa que sea siempre con la misma jodida bandera, es decir, la española.

A nadie se le ocurre ningunear a cualquier otra bandera. Sí, porque para hacer el payaso con cualquier otra parece que no hay bemoles.

Bueno, sí, en los estados islámicos radicales suelen quemar la de USA, pero esa es otra cuestión…

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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CHARLIZE THERON como la madrastra bruja en “Snow White and the Huntsman”.

Cuando era niño me apasionaban los dibujos animados, sobre todo, los personajes de la Warner: Pato Lucas, Bugs Bunny, el Gallo Claudio, etc.

Vale, de acuerdo, me siguen gustando y mucho.

Sin embargo, mi relación con las producciones Disney eran de amor–odio y, encima, me irritaba que la mitad de metraje de sus films fuera con canciones insoportables para mí.

La madrastra de «Blancanieves»

No obstante, había algo más, algo que entonces no sabía poner en palabras, pero que ahora sí puedo explicar. Y es que los gags surrealistas de las producciones Warner, con la loca música de Carl Stalling, del que soy ferviente fan y al que recomiendo, chocaban con los films aleccionadores de Walt Disney y sus ñoñas bandas sonoras.

Bueno, hay algún film de Disney que sí mola, y mucho. Hay excepciones, como la excelente música de «El libro de la selva», «El rey León» y «Los tres caballeros»; este último, un largometraje animado que seguro fue hecho por guionistas y animadores hasta arriba de LSD o con un buen chute de ayahuasca. Yo recomiendo disfrutar esta música a todo volumen, con un buen equipo de sonido y algún psicoactivo.

Pero regresemos a lo peor de Disney y a su forma tan «edificante» de aleccionamiento oculto. Su encumbrada «Blancanieves y los siete enanitos» me sirve de ejemplo, además de que era una de las películas que más aversión me producían.

Y todo era por el mensaje subyacente.

La madrastra inspirada en Joan Crawford

Empezaré por decir que la bruja, madrastra y supuesta malvada del cuento, me atraía, y mucho. Incluso para el crío imberbe que era yo entonces, la belleza de la hechicera era, para mí, mucho mayor que la de la sosa de Blancanieves, con ese horroroso peinado, esa inocencia insoportable y ese vestuario ridículo. ¡El ceñido y sexy vestuario de la bruja sí que era cautivador! Una auténtica femme fatale.

Para la madrastra del film de 1937, los guionistas y dibujantes tomaron como modelo a Joan Crawford, una actriz enérgica y de furiosa belleza.

En cambio, Blancanieves tiene cara de boba, y se supone que representa a las princesas; por lo tanto, ¿si eres princesita, tienes que ser tontita? ¿Es eso lo que nos quieren indicar? Y, sin embargo, la reina, la mala malísima, es una beldad de órdago. La madrastra no solo luce un cuerpo de pecado, alta y esbelta, sino que, además, tiene carácter y personalidad. Todo lo contrario a la insustancial de su hijastra.

Pero el primer rechazo que sentí de chiquillo fue cuando al mentecato del espejo le da por mentir y dice que la anodina de Blancanieves es más chachi que la madrastra.

Ver para creer.

Kristen Stewart y Charlize Theron

Incluso en la revisión de 2012, con actores de carne y hueso, en «Blancanieves y la leyenda del cazador», la hechicera está protagonizada por Charlize Theron, que todos los varones con dos dedos de frente sabemos que es una mujer de bandera. Y la pálida Kristen Stewart, famosa por la edulcorada saga vampírica de «Crepúsculo», interpreta a Blancanieves. No me negarán que hay que tener muy mala leche para pretender hacernos creer que la actriz de Los Ángeles (Kristen Stewart) puede rivalizar en divinidad con la actriz sudafricana y ganadora de un Oscar en 2003 por su interpretación de una asesina en serie en el film «Monster», Charlize Theron. Solo por eso no he visto la película, ni la veré.

Vuelvo al clásico animado de 1937 y, en mi opinión, lo peor de todo el film es la befa y el escarnio que sufren los enanitos. Y es que son el verdadero arquetipo de los auténticos «planchabragas», es decir: son majos, simpáticos y atentos, y, por si fuera poco, son ricos.

¿Y qué pasa en estos casos?

Blancanieves y los 7 «pagafantas»

Que tienen que soportar la humillación de que venga un príncipe azul, con su polla azul, a desencantar a la niña.

Esto, señores, es la degradación máxima para un hombre, porque les recuerdo que los enanos, por muy bajitos que sean, también son hombres.

No obstante, y para regocijo de la hipergamia, Disney nos enseña que solo el beso de un hombre alto, esbelto, rubio, de cuna noble y con el perfil de novio de Barbie puede quitar el hechizo de la malvada madrastra.

Para mear y no echar gota.

Pero, no importa, yo siempre soñé con consolar a la madrastra, llámese Joan Crawford o Charlize Theron, y sustituir a su embustero espejo para susurrarle al oído que ella sí es la más bella del reino.

O, al menos, de mi reino…

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Cuando era más inocente solía hacer caso de lo que las personas contaban.

Ya no.

Ahora, apenas atiendo a la palabra de la gente que me rodea, y me fijo mucho más en lo que hacen.

Y, no hay que equivocarse, porque en mi opinión, es lo que hacemos lo que nos define.

Por ejemplo, conozco muchos comunistas que expresan serlo a pleno pulmón. No obstante, son comunistas que disfrutan de su vida capitalista con su automóvil, vivienda en propiedad, reloj de alta gama, sus fiestas y cenas en caros restaurantes.

Son comunistas de teoría, es decir, me río yo de su «comunismo».

En teoría, yo también puedo decir que soy Superman, y aunque nunca me veas volar, ni levantar coches, ni rescatar gente en apuros y dar una somanta palos a los maleantes de turno, yo digo que soy «el hombre de acero»; y nadie me lo puede discutir.

En verdad, soy tan Superman como esos grotescos tipos que dicen ser comunistas.

Por eso respeto a las personas que hacen lo que piensan y dicen, si bien no comparta sus ideas, porque son coherentes.

Esa gente, repito, tiene mi respeto.

No soy yo un ideólogo. Sin embargo, si eres socialista, feminista, capitalista o lo que te salga de los bemoles, si respiras lo que dices, con todas las consecuencias, incluso cuando no te conviene, entonces, tienes mi confianza.

La impagable «coherencia» feminista

No obstante, la realidad es que si soy crítico con los comunistas es que soy un capitalista sin corazón. Si soy crítico con los independentistas y defiendo la Constitución es que soy un facha de derechas. Si soy crítico con el feminismo es que soy machista. Si critico que, por enésima vez, se vuelvan a abrir las heridas de Franco y la Guerra Civil, es que soy fascista. Si critico que lleguen tantos inmigrantes ilegales es que soy racista…

Y es que tanta simpleza me apabulla.

Porque, en definitiva, a los comunistas que yo conozco les encanta la sociedad de consumo. A las feministas que escucho y piden igualdad, les gusta las sexistas leyes de violencia de género y discriminación positiva, entre otras, que les confieren privilegios sobre los demás. A los socialistas, y gente de izquierda en general, que piden que suban los impuestos por el bien común y social, pero solo a los ricos, a ellos, por supuesto, no. A los independentistas, que se hacen funcionarios para cobrar una nómina de un estado que aborrecen. A los que se les llena la boca condenando la dictadura de Franco y luego son incapaces de reprobar los estados totalitarios de Cuba y Venezuela. Y así, un largo etcétera; a toda esa turba incomprensible por falta de coherencia, les tolero demasiado.

Pero les respeto poco.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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LA «ODISEA» DEL VOTO

Publicado: 28 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

Votar es una desdicha.

Una desdicha en los tiempos que toca vivir.

Los partidos políticos son como sectas, es decir, con poca o nula autocrítica; eso les impide entender que, a veces, erran. En ocasiones, la izquierda tiene razón; en otras, la derecha, e incluso, en algunos aspectos, por increíble que parezca, la extrema derecha y la extrema izquierda pueden tener más lucidez.

Sin embargo, las ideologías cerradas de los partidos les impiden crecer y, para un inconformista, el voto se convierte en una odisea. Sobre todo, porque me gusta votar con responsabilidad.

Decía Ortega y Gasset (filósofo y profesor español, 1883-1955) que: «El hombre no tiene naturaleza, solo tiene historia».

Y mi historia, hasta el momento presente, tiene una parte latente de idealismo. No obstante, en temas que a todos atañen, es decir, los sociales, suelo inclinarme por el pragmatismo. Me gusta tener una vida ordenada, pero sin perderme el placer de conservar una mente abierta. Gozo mucho de la compañía de otros pensamientos y culturas.

De la derecha no me gusta su autoritarismo ni sus posiciones herméticas y piramidales de poder, y de la izquierda, no me place su incapacidad de dar stop a políticas que nos van a perjudicar a corto plazo, como abrir fronteras sin control y regalar el dinero de todos a ciertos colectivos «oprimidos», para ganar votos y producir clientelismo electoral. Pero lo que menos soporto es su prepotente superioridad moral.

La izquierda posmoderna y radical no solo es ignorante, sino que además se inventa con descaro sus verdades, ideologías como el «construccionismo social» y la «posverdad», que niegan la lógica y la ciencia, y que tanto daño hacen al conjunto de la sociedad.

En el aspecto geográfico me ha tocado nacer en Bilbao; por tanto, soy vasco, aunque no soy independentista más que de mi propia individualidad. Me gusta que tengamos autonomía, fueros y estatuto, y no concibo una tierra euskaldun sin cierto grado de soberanía social.

Tampoco me gusta en demasía la bandera española y, mucho menos, la monarquía, que me parece casposa y arcaica.

Nada me place que la Iglesia Católica se lleve parte de mis impuestos y, para más inri, sea beneficiaria de cierta clase de exenciones fiscales, como, por ejemplo, no pagar el IBI.

Así que, con este cuadro vivencial, por favor, ¿alguna mente iluminada puede decirme a quién demonios, o dioses, debo votar?

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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EL INSULTO DEL «REDUCCIONISMO»

Publicado: 14 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, adolescencia y juventud, cuando ETA estaba en un apogeo de sangre y muerte, recuerdo las miradas de la gente cada vez que estaba fuera del País Vasco y había un atentado.

Como si mi familia y mi círculo fuesen responsables.

Como si yo tuviera algo que ver.

En verdad, aquello era muy incómodo.

Hace poco, una persona de unos cuarenta años, afín al PSOE, en un debate me señaló como parte responsable, por mi condición de hombre blanco y heterosexual, de que ciertos «colectivos» sufrieran ciertas desigualdades.

Para especificar, me culpó de que la mayoría de las mujeres eligieran libremente (aunque esto último no lo valoró) carreras universitarias del campo de las artes y las humanidades, que no están tan bien remuneradas en convenios laborales como las carreras técnicas que suelen elegir los hombres, es decir, informática, ingeniería, etc.

Hay que señalar que las mujeres son mayoría en las universidades, pero nadie denuncia esto como un problema de desigualdad, claro.

Lo curioso es que este señor no se incluyó también como «responsable» supremacista porque no es heterosexual. Él, por supuesto, está en otro «colectivo oprimido» de esta pirámide social en la que parece que estamos viviendo. Y yo soy un «machirulo» privilegiado, que debería sentirme culpable de que las chicas no quieran ser ingenieras en lugar de maestras.

El debate se acaloró un poco porque no permití que me colectivizara. Igual que cuando los terroristas ponían una bomba, y tenía que soportar silenciosas miradas acusadoras sobre mi persona.

Esa forma de colectivizarnos a todos es muy típica de hoy en día: simplifica hasta el absurdo los comportamientos humanos, sin llegar a analizar en profundidad y con justicia las complejidades y las variables individuales.

En definitiva, es injusto y, además, insultante.

Y esto, en psicología, se llama «reduccionismo».

Soy un individuo, una persona, un librepensador; y lo que yo hago mal, no se extrapola a los demás, aunque me metan en un mismo grupo por mi sexo, raza o religión.

NO lo permito.

Solo soy responsable de lo YO hago.

Si me violaran un grupo de gays, ¿serían responsables todos los homosexuales? Si me atracara un inmigrante, ¿serían responsables todos los extranjeros? Si tuviera mala suerte en el amor, ¿serían responsable todas las mujeres?

Sería de LOCOS, ¿verdad?

Esto, lamentablemente, es la izquierda de hoy en día: una izquierda inmadura e infantil. Divide a la gente entre opresores y oprimidos. Dicotomiza la sociedad entre «buenos y malos». Niega las individualidades de las personas y, por consiguiente, enarbola la peligrosa bandera de la «justicia social».

Las ideologías, cualquier ideología, llevadas al extremo se convierten en sectas; la razón y la lógica se hunden en la miseria y solo tiene valor el adoctrinamiento emocional, bien controlado por puntuales dogmas.

Lo siento, pero no compro este «producto».

Yo no compro fanatismo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Modelos trabajando de azafatas en la F1

La mujer bella está condenada.

Y no me refiero a la belleza interior; me refiero a los «pibones», a esas tías que rompen cuellos cuando se nos cruzan por la calle, a las que mojan las sábanas de los hombres solitarios, y de los no tan solitarios. Me refiero a esas señoritas capaces de convertir en un «planchabragas» al más alfa del lugar, a las que harían vacilar incluso al mismísimo Clint Eastwood en sus mejores tiempos como «Dirty Harry».

En definitiva, ese tipo de mujeres, que dan humildad a los hombres, está en peligro de extinción.

La belleza ha sido siempre un negocio. Los agraciados con el don de la beldad han podido hacer de él su medio de vida. Ahora, sin embargo, parece que es un lastre. Mozas de buen ver que se quedan sin trabajo porque colectivos radicales presionan para que prohíban a las azafatas y a las modelos en competiciones deportivas porque, según dichos colectivos, tales tareas son denigrantes.

Este efecto dominó no va a parar. Pronto llegará a otros lares profesionales y dejará en el paro a más féminas despampanantes.

Lo curioso es que esta medida «antibelleza» no afecta a los hombres guapos. Los modelos masculinos y la cosificación de sus cuerpos no son un problema. Por tanto, aparte de una medida absurda, también es una medida sexista.

Es como si a estas asociaciones fundamentalistas les repugnara todo lo femenino, por lo tanto, son misóginas.

Sí, así es.

El feminismo moderno y pop de tercera ola es lo más machista que existe.

Y lo más opresor también.

La «estupideza» del lenguaje inclusivo

Escuchamos cómo adoctrinan a las mujeres sobre en qué pueden y en qué no pueden trabajar, sobre cómo deben y no deben vestirse. Las instruyen, en su excéntrica iluminación, sobre cuál es la verdadera autorrealización de la mujer, por supuesto, nada de ser madre y formar una familia si ese fuera el sueño de algunas, porque eso es «patriarcado tóxico», y así, un largo y loco etcétera.

Amén de dictar cómo se debe usar el idioma, pretenden imponer el suyo: el mal llamado «lenguaje inclusivo».

Imponer, adoctrinar, exigir y, sobre todo, prohibir. Y prohibir, de toda la vida de Dios, es de fascistas.

También es una moda disparatada. Les debe parecer muy revolucionario decir «todes», porque es igualdad, y luego marchan a reclamar, por ejemplo, que se diga presidenta y no presidente, porque aquí la «e» sí es machista.

De locos, oye.

Manifestación feminista «EL TETAZO» en Argentina

Sin embargo, este post es sobre belleza femenina, y me estoy yendo del tema; así que mejor, en vez de un ejemplo lingüístico, pongo un ejemplo de tetas, que molan mucho más.

Para estas irracionales, que una mujer enseñe «las lolas» o las sugiera, con mayor o menos gusto, para vender un producto cualquiera es machista; pero manifestarse con los senos al aire, exhibirlos ante las cámaras por todo el país, mostrarlos a través de una pantalla con sus lemas y pancartas, entonces, eso sí es revolucionario.

¿Es mofa? ¡Como si lucir tetas públicamente en televisión molestara al hombre promedio!

Eso sí, para los pajeros es genial.

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