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Cuando era más inocente solía hacer caso de lo que las personas contaban.

Ya no.

Ahora, apenas atiendo a la palabra de la gente que me rodea, y me fijo mucho más en lo que hacen.

Y, no hay que equivocarse, porque en mi opinión, es lo que hacemos lo que nos define.

Por ejemplo, conozco muchos comunistas que expresan serlo a pleno pulmón. No obstante, son comunistas que disfrutan de su vida capitalista con su automóvil, vivienda en propiedad, reloj de alta gama, sus fiestas y cenas en caros restaurantes.

Son comunistas de teoría, es decir, me río yo de su «comunismo».

En teoría, yo también puedo decir que soy Superman, y aunque nunca me veas volar, ni levantar coches, ni rescatar gente en apuros y dar una somanta palos a los maleantes de turno, yo digo que soy «el hombre de acero»; y nadie me lo puede discutir.

En verdad, soy tan Superman como esos grotescos tipos que dicen ser comunistas.

Por eso respeto a las personas que hacen lo que piensan y dicen, si bien no comparta sus ideas, porque son coherentes.

Esa gente, repito, tiene mi respeto.

No soy yo un ideólogo. Sin embargo, si eres socialista, feminista, capitalista o lo que te salga de los bemoles, si respiras lo que dices, con todas las consecuencias, incluso cuando no te conviene, entonces, tienes mi confianza.

La impagable «coherencia» feminista

No obstante, la realidad es que si soy crítico con los comunistas es que soy un capitalista sin corazón. Si soy crítico con los independentistas y defiendo la Constitución es que soy un facha de derechas. Si soy crítico con el feminismo es que soy machista. Si critico que, por enésima vez, se vuelvan a abrir las heridas de Franco y la Guerra Civil, es que soy fascista. Si critico que lleguen tantos inmigrantes ilegales es que soy racista…

Y es que tanta simpleza me apabulla.

Porque, en definitiva, a los comunistas que yo conozco les encanta la sociedad de consumo. A las feministas que escucho y piden igualdad, les gusta las sexistas leyes de violencia de género y discriminación positiva, entre otras, que les confieren privilegios sobre los demás. A los socialistas, y gente de izquierda en general, que piden que suban los impuestos por el bien común y social, pero solo a los ricos, a ellos, por supuesto, no. A los independentistas, que se hacen funcionarios para cobrar una nómina de un estado que aborrecen. A los que se les llena la boca condenando la dictadura de Franco y luego son incapaces de reprobar los estados totalitarios de Cuba y Venezuela. Y así, un largo etcétera; a toda esa turba incomprensible por falta de coherencia, les tolero demasiado.

Pero les respeto poco.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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LA «ODISEA» DEL VOTO

Publicado: 28 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

Votar es una desdicha.

Una desdicha en los tiempos que toca vivir.

Los partidos políticos son como sectas, es decir, con poca o nula autocrítica; eso les impide entender que, a veces, erran. En ocasiones, la izquierda tiene razón; en otras, la derecha, e incluso, en algunos aspectos, por increíble que parezca, la extrema derecha y la extrema izquierda pueden tener más lucidez.

Sin embargo, las ideologías cerradas de los partidos les impiden crecer y, para un inconformista, el voto se convierte en una odisea. Sobre todo, porque me gusta votar con responsabilidad.

Decía Ortega y Gasset (filósofo y profesor español, 1883-1955) que: «El hombre no tiene naturaleza, solo tiene historia».

Y mi historia, hasta el momento presente, tiene una parte latente de idealismo. No obstante, en temas que a todos atañen, es decir, los sociales, suelo inclinarme por el pragmatismo. Me gusta tener una vida ordenada, pero sin perderme el placer de conservar una mente abierta. Gozo mucho de la compañía de otros pensamientos y culturas.

De la derecha no me gusta su autoritarismo ni sus posiciones herméticas y piramidales de poder, y de la izquierda, no me place su incapacidad de dar stop a políticas que nos van a perjudicar a corto plazo, como abrir fronteras sin control y regalar el dinero de todos a ciertos colectivos «oprimidos», para ganar votos y producir clientelismo electoral. Pero lo que menos soporto es su prepotente superioridad moral.

La izquierda posmoderna y radical no solo es ignorante, sino que además se inventa con descaro sus verdades, ideologías como el «construccionismo social» y la «posverdad», que niegan la lógica y la ciencia, y que tanto daño hacen al conjunto de la sociedad.

En el aspecto geográfico me ha tocado nacer en Bilbao; por tanto, soy vasco, aunque no soy independentista más que de mi propia individualidad. Me gusta que tengamos autonomía, fueros y estatuto, y no concibo una tierra euskaldun sin cierto grado de soberanía social.

Tampoco me gusta en demasía la bandera española y, mucho menos, la monarquía, que me parece casposa y arcaica.

Nada me place que la Iglesia Católica se lleve parte de mis impuestos y, para más inri, sea beneficiaria de cierta clase de exenciones fiscales, como, por ejemplo, no pagar el IBI.

Así que, con este cuadro vivencial, por favor, ¿alguna mente iluminada puede decirme a quién demonios, o dioses, debo votar?

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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EL INSULTO DEL «REDUCCIONISMO»

Publicado: 14 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, adolescencia y juventud, cuando ETA estaba en un apogeo de sangre y muerte, recuerdo las miradas de la gente cada vez que estaba fuera del País Vasco y había un atentado.

Como si mi familia y mi círculo fuesen responsables.

Como si yo tuviera algo que ver.

En verdad, aquello era muy incómodo.

Hace poco, una persona de unos cuarenta años, afín al PSOE, en un debate me señaló como parte responsable, por mi condición de hombre blanco y heterosexual, de que ciertos «colectivos» sufrieran ciertas desigualdades.

Para especificar, me culpó de que la mayoría de las mujeres eligieran libremente (aunque esto último no lo valoró) carreras universitarias del campo de las artes y las humanidades, que no están tan bien remuneradas en convenios laborales como las carreras técnicas que suelen elegir los hombres, es decir, informática, ingeniería, etc.

Hay que señalar que las mujeres son mayoría en las universidades, pero nadie denuncia esto como un problema de desigualdad, claro.

Lo curioso es que este señor no se incluyó también como «responsable» supremacista porque no es heterosexual. Él, por supuesto, está en otro «colectivo oprimido» de esta pirámide social en la que parece que estamos viviendo. Y yo soy un «machirulo» privilegiado, que debería sentirme culpable de que las chicas no quieran ser ingenieras en lugar de maestras.

El debate se acaloró un poco porque no permití que me colectivizara. Igual que cuando los terroristas ponían una bomba, y tenía que soportar silenciosas miradas acusadoras sobre mi persona.

Esa forma de colectivizarnos a todos es muy típica de hoy en día: simplifica hasta el absurdo los comportamientos humanos, sin llegar a analizar en profundidad y con justicia las complejidades y las variables individuales.

En definitiva, es injusto y, además, insultante.

Y esto, en psicología, se llama «reduccionismo».

Soy un individuo, una persona, un librepensador; y lo que yo hago mal, no se extrapola a los demás, aunque me metan en un mismo grupo por mi sexo, raza o religión.

NO lo permito.

Solo soy responsable de lo YO hago.

Si me violaran un grupo de gays, ¿serían responsables todos los homosexuales? Si me atracara un inmigrante, ¿serían responsables todos los extranjeros? Si tuviera mala suerte en el amor, ¿serían responsable todas las mujeres?

Sería de LOCOS, ¿verdad?

Esto, lamentablemente, es la izquierda de hoy en día: una izquierda inmadura e infantil. Divide a la gente entre opresores y oprimidos. Dicotomiza la sociedad entre «buenos y malos». Niega las individualidades de las personas y, por consiguiente, enarbola la peligrosa bandera de la «justicia social».

Las ideologías, cualquier ideología, llevadas al extremo se convierten en sectas; la razón y la lógica se hunden en la miseria y solo tiene valor el adoctrinamiento emocional, bien controlado por puntuales dogmas.

Lo siento, pero no compro este «producto».

Yo no compro fanatismo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Modelos trabajando de azafatas en la F1

La mujer bella está condenada.

Y no me refiero a la belleza interior; me refiero a los «pibones», a esas tías que rompen cuellos cuando se nos cruzan por la calle, a las que mojan las sábanas de los hombres solitarios, y de los no tan solitarios. Me refiero a esas señoritas capaces de convertir en un «planchabragas» al más alfa del lugar, a las que harían vacilar incluso al mismísimo Clint Eastwood en sus mejores tiempos como «Dirty Harry».

En definitiva, ese tipo de mujeres, que dan humildad a los hombres, está en peligro de extinción.

La belleza ha sido siempre un negocio. Los agraciados con el don de la beldad han podido hacer de él su medio de vida. Ahora, sin embargo, parece que es un lastre. Mozas de buen ver que se quedan sin trabajo porque colectivos radicales presionan para que prohíban a las azafatas y a las modelos en competiciones deportivas porque, según dichos colectivos, tales tareas son denigrantes.

Este efecto dominó no va a parar. Pronto llegará a otros lares profesionales y dejará en el paro a más féminas despampanantes.

Lo curioso es que esta medida «antibelleza» no afecta a los hombres guapos. Los modelos masculinos y la cosificación de sus cuerpos no son un problema. Por tanto, aparte de una medida absurda, también es una medida sexista.

Es como si a estas asociaciones fundamentalistas les repugnara todo lo femenino, por lo tanto, son misóginas.

Sí, así es.

El feminismo moderno y pop de tercera ola es lo más machista que existe.

Y lo más opresor también.

La «estupideza» del lenguaje inclusivo

Escuchamos cómo adoctrinan a las mujeres sobre en qué pueden y en qué no pueden trabajar, sobre cómo deben y no deben vestirse. Las instruyen, en su excéntrica iluminación, sobre cuál es la verdadera autorrealización de la mujer, por supuesto, nada de ser madre y formar una familia si ese fuera el sueño de algunas, porque eso es «patriarcado tóxico», y así, un largo y loco etcétera.

Amén de dictar cómo se debe usar el idioma, pretenden imponer el suyo: el mal llamado «lenguaje inclusivo».

Imponer, adoctrinar, exigir y, sobre todo, prohibir. Y prohibir, de toda la vida de Dios, es de fascistas.

También es una moda disparatada. Les debe parecer muy revolucionario decir «todes», porque es igualdad, y luego marchan a reclamar, por ejemplo, que se diga presidenta y no presidente, porque aquí la «e» sí es machista.

De locos, oye.

Manifestación feminista «EL TETAZO» en Argentina

Sin embargo, este post es sobre belleza femenina, y me estoy yendo del tema; así que mejor, en vez de un ejemplo lingüístico, pongo un ejemplo de tetas, que molan mucho más.

Para estas irracionales, que una mujer enseñe «las lolas» o las sugiera, con mayor o menos gusto, para vender un producto cualquiera es machista; pero manifestarse con los senos al aire, exhibirlos ante las cámaras por todo el país, mostrarlos a través de una pantalla con sus lemas y pancartas, entonces, eso sí es revolucionario.

¿Es mofa? ¡Como si lucir tetas públicamente en televisión molestara al hombre promedio!

Eso sí, para los pajeros es genial.

¡Tetas gratis!

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Pierdo mucho tiempo lamentándome. Derrocho mucha energía culpando a otros de lo que me pasa. Y, lo peor de todo, así no aprendo nada. Nada en absoluto.

No existe mejora individual ninguna acusando a los demás de mis males.

Pienso en jóvenes idealistas que salen a la calle a romper todo lo que se cruce por su camino porque sienten que esta sociedad no los representa, porque no tiene nada que ofrecerles, porque sus vidas están vacías, carentes de proyectos ilusionantes; en definitiva, porque son infelices.

A lo mejor, en su furia, destrozan contenedores de basura o algún escaparate de un pequeño negocio de barrio.

¿Qué han conseguido?

Nada.

Excepto, hacer daño a su comunidad con unos daños que todos pagaremos.

Y si alguien les dice esta obviedad, o por casualidad leen este post, puede que pasen dos cosas: una, que sean conscientes del daño gratuito que han causado y empiecen la transformación por sí mismos, o dos, que repriman el hecho de que ese camino no lleva a ninguna parte y que culpar al mundo de todos sus problemas no es la solución.

En verdad, lamentablemente, muchos escogen la segunda opción, porque asumir que el error está en nosotros es doloroso y demanda tener la valentía de cambiar, de renunciar a ideas equivocadas, y, en efecto, eso requiere coraje.

Requiere coraje y mucho ESFUERZO.

Lo fácil sería quedarme en la «zona de confort» y seguir con el discurso que me victimiza.

En mi opinión, puede que haya un patrón en el comportamiento de estas personas, y es que no soportan la autoridad, no aguantan que nadie les imponga sus ideas. Está bien. Yo tampoco lo tolero.

Sin embargo, otra cosa es la autodisciplina, es decir, la autoridad «autoimpuesta»: poner en orden mi vida desde mi propio mandato interior, desde mi propia consciencia. Porque es evidente que no puedo ordenar el mundo como a mí me gustaría que fuera, pero sí puedo arreglar MI MUNDO.

Ahí, yo soy mi único jefe.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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LA «SÚPER» MUJER

Publicado: 20 agosto, 2018 en Artículos Opinión

No es de ahora.

Tengo pasadas ya las cuatro décadas de existencia terrenal y ya en mi época de bachillerato supe que las chicas eran mejor en los estudios. En la Universidad, presencialmente, ganan a los varones por goleada.

El fracaso escolar, en general, es cosa de chicos.

Lo sé, porque yo fui uno de esos muchachos.

Mujer ejecutiva exitosa

Las jóvenes se licencian y muchas obtienen buenos puestos bien remunerados en grandes empresas. Trabajan duro, sí. El mercado laboral capitalista les exige que vivan, por y para, la profesión que desempeñen.

Sin embargo, alrededor de los treinta, el reloj biológico llama. ¡Alerta! Si quieren disfrutar de la maternidad, no deben demorarse mucho más. Llegar a lo más alto de la pirámide social choca frontalmente con el deseo de ser madre. La competitividad obsesiva por promocionarse en grandes firmas y corporaciones entra en conflicto con otra aspiración vital: la ambición de tener un niño. Incluso, la prioridad de formar una familia si a su lado tienen un hombre que aman, va a chocar con medrar en el trabajo.

Este debate, ya lo analicé en otro post anterior titulado: «Feminismo, capitalismo y niños».

Si esas mujeres tienen una pareja estable que gana bien, la decisión podría ser más fácil. Si tienen una pareja que no gana lo suficiente para mantener a ambos y el futuro retoño, mal asunto. Y, si no tienen pareja, asunto (casi) imposible.

¿Imposible?

No, si es una «súper» mujer.

«Superwoman»

Una «súper» mujer se levanta a las 6 de la mañana. Hace el desayuno de sus hijos. A lo mejor, la da tiempo de ir a hacer footing o a un gimnasio cercano antes de ir a trabajar. Más tarde, en la oficina, en su exigente posición de ejecutiva trabajará 14 horas, con media hora para comer cualquier basura del «fast food». Concluida su jornada laboral llega a casa, puede que haga una cena rápida de microondas a sus mozuelos que han estado en el colegio o guardería y en actividades «extraescolares». Posiblemente, alguien contratado cuida a los nenes y hace las tareas del hogar en ausencia de ella, y de su pareja (si la tuviera). Y, para rematar, nuestra «heroína» volverá a trabajar frente a su ordenador un par de horas más antes de acostarse. Rozando la medianoche caerá rendida de agotamiento para volver a levantarse a las 6am y repetir el disparatado bucle en el que se ha metido.

¿Y el hombre no hace nada? ¿Es que su marido se toca la picha? Pues no. Su compañero de vida, seguramente, haga lo mismo que ella. Así que, ninguno de los dos está con ninguna gana de renunciar a sus carreras. Ambos, están concentrados en llegar a lo más alto.

Claro que no todas las mujeres tienen tanta «gasolina».

Conciliación laboral

Algunas, piden una reducción de jornada. Otras, un horario menos exigente. Cada cual en sus posibilidades para poder compaginar maternidad y trabajo. Aunque, si tienen la posibilidad económica para pagar a una niñera, o niñero, mejor. Este momento sería, para ellas, un punto de inflexión porque su cenit laboral se alcanzaría y ya no subiría más, en general, cuando son madres. Es su emancipada elección. Nadie debería juzgarlo, es lo que desean y lo eligen libremente. La carrera laboral queda en un segundo plano, por decisión propia. Esta es una razón objetiva por la que hay más hombres que mujeres en posiciones de poder, y no, otra.

Las mujeres que llegan a los más altos estatus piramidales de mando, al éxito incontestable de sus profesiones, son aquellas que han sacrificado todo por su carrera.

TODO.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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LA «OFENSA» Y LA MADUREZ

Publicado: 12 agosto, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, allá por los 80, con el tema del mariconeo no se bromeaba. Es serio, si alguien te llamaba «maricón» o similar, el insulto era muy grave y no existía más remedio que recuperar tu honor partiendo la cara al sujeto que te lanzaba tamaña «ofensa».

Era eso o que retirara el agravio.

Luego, en mi adolescencia y juventud, allá por los 90 y en adelante, la cosa se relajó. Gracias al humor, el tema de la homosexualidad se integró en la sociedad. Ya no era insultante que te llamaran marica, se tomaba con mofa y era argumento para mil chistes y bromas. Era el síntoma de que tu orientación sexual, en el fondo, no le importaba a nadie.

Realmente, aquello fue un paso adelante.

En la actualidad, sobre gays y muchos otros colectivos no se puede hacer ni la más mínima burla. Estamos en la cultura del «todo es ofensivo» y, en mi opinión, esto es un atraso.

Sí, es un retraso monumental.

Me explico: «ofender» es importante. Lo es porque si no debatimos, incluso si no nos reímos de todo, entonces no nos reímos de nada. Todos los seres humanos lo hemos pasado mal en algún momento: algunos, por ser bajitos; otros, por ser feos; otros, por ser calvos; otros, por no ser lo suficientemente listos o talentosos; en definitiva, por mil cosas. Y hacer humor de ello es liberación.

Aunque joda, porque en alguna ocasión te va a tocar también a ti, hay que aprovecharlo, porque es una forma de madurar y crecer. ¿Por qué? Porque te obliga a gestionar la «ofensa». Te exige, primero, recibir el gancho del escarnio y, segundo, trascenderlo. Entonces, ya no tomas la ofensa como propia. La persona, por fin, puede reírse de lo que antes la enfurecía.

Para aprender, todo funciona prácticamente igual. Por ejemplo, en artes marciales, tan importante es recibir un golpe, por supuesto controlado y con moderación, como darlo. Porque ese es, a mi parecer, el camino del conocimiento: compartir.

Un gran paso es, sin lugar a dudas, no tomarse personal nada o casi nada. Generalmente, porque no lo es. A veces, cuando debato con un sujeto y este se enoja, caigo en la cuenta de que toma mis argumentos contra su persona y no contra sus ideas. En ocasiones a mí también me pasa, como a todos, y, cuando soy consciente, reculo.

Es muy triste que suceda esto porque nosotros no somos una o varias opiniones, por muy bien ejecutadas que estén. Pienso que somos algo mucho más elevado, y solo la madurez emocional, o al menos así lo entiendo, nos puede llevar a deducirlo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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En un mundo ideal, la mujer tendría la libertad de trabajar y, además, formar a su familia.

Y, el hombre, igual.

Sin embargo, no hemos llegado a esa utopía porque el sistema capitalista no ha cambiado. Al contrario, el feminismo juega a favor del capitalismo, del capitalismo más salvaje por supuesto, porque antes era, en general, el hombre el que salía al mundo laboral a mantener a su familia.

Ya, no.

Ahora se ha conseguido tener a toda la población de la humanidad esclavizada, por lo tanto, el feminismo ha hecho una defensa al capitalismo más atroz.

La gracia es que, entre la mujer y el hombre, en la actualidad a duras penas consiguen mantener a su familia. La mujer ya no tiene la opción de quedarse en casa y criar a sus hijos.

No.

Ahora tiene que salir a trabajar POR COJONES (u ovarios, como más les guste) y ya no puede elegir permanecer en el hogar cuidando a los infantes.

Y, el hombre, tampoco.

Es decir, poco a poco y sin darnos cuenta, creyendo que se ganaban derechos resulta que los hemos perdido todos. Suena perverso, ¿verdad?

Por supuesto, y que quede claro, no deseo malinterpretaciones interesadas. En ningún momento, critico la inclusión de la mujer en la vida laboral, ¡faltaría más! Solo constato datos fríos y hechos.

Así están las cosas.

No obstante, todavía no existe forma de concebir una saludable armonía entre el trabajo y la maternidad/paternidad. Una conciliación que a ver cómo se hace y de dónde sale el dinero, porque tal y como está el sistema, el dinero no está ni se le espera, por consiguiente, que no sale y no alcanza.

Y, es que la vida, son elecciones y todo no se puede tener.

A veces, yo también pienso cómo sería tener una familia. Sin embargo, puse los pros y los contras en una balanza e hice mi responsable elección.

Lo que me preocupa en verdad, y como siempre, son los niños que de nada tienen culpa. Parece que se convierten en una carga, una obligación e, incluso, un obstáculo para medrar en la vida laboral.

Hay que depurar responsabilidades y asumir que los niños no piden nacer, por tanto, si se decide traerlos a este planeta se debe convertir en la primera responsabilidad, sin excusas.

Sí, repito, sin excusas.

Debe ser la principal prioridad, y sin dudar, más trascendental que tu carrera, más valioso que tu trabajo, más importante que TODO y, el resto de cosas, es accesorio.

¿Acaso, no es una obviedad?

En definitiva y, bajo mi forma de entender la existencia, si ese chiquillo no va a ser lo primero de tu vida no lo concibas.

¿Tanto cuesta el hecho de entender que es un ser humano que no ha pedido venir y que lo has traído porque TÚ has querido?

Si yo hubiera seguido el camino de la paternidad me habría detenido porque sería lo más importante.

TIENE QUE SER LO MÁS IMPORTANTE.

Me parece tan elemental que, no entiendo cómo hay que explicarlo, sin que ciertos colectivos radicales se te echen al pescuezo.

Un abrazo sexpiritual.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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El Mundial de fútbol de Rusia 2018 va tocando a su parte resolutiva. Fracasos y decepciones se mezclan con glorias y laureles. Ya se pueden tomar varias, por no decir muchas, conclusiones.

La primera, es el triunfo del colectivo sobre las individualidades. Ejemplos, tenemos en las selecciones que han sido un fiasco y, algunas, hasta una ruina. ¿Cuáles? Aquellas que han jugado los supuestos «cracks» mundiales, las llamadas estrellas del firmamento balompédico, los nuevos dioses e ídolos de masas. Dícese de Messi, Ronaldo y, hasta hace muy poco, Neymar, han sido un fracaso estrepitoso.

No es todo responsabilidad de ellos, sino de sus seleccionadores o entrenadores, que fiaron toda su suerte a una carta, es decir, a su único talento. ¿Qué eran, entonces, el equipo albiceleste, luso, y la canarinha, sin ellos? Nada.

Nada, en absoluto.

Mientras tanto, equipos como Francia, Inglaterra y Bélgica jugaron la carta del colectivo y, así, no depender de cómo tuvieran las musas o la inspiración la estrella de turno.

Y, les salió bien…

Siempre me gustó el fútbol como una proyección de lo que somos. Es un hecho, que el chupón en el verde, fuera de él es el típico egoísta. El quejica y llorica, es en la calle el que por todo se victimiza. El generoso con el balón, es luego es el que más amigos tiene, la persona con el que todos desean estar y compartir momentos.

Y, así, un largo etcétera.

Me di cuenta, con los años, que cuando deseo conocer realmente a una persona, solo tengo que verle jugar en algún deporte de equipo, o en muchos casos también, que me dé su opinión de alguna obra literaria mía u otra que hayamos leído ambos.

Porque en sus críticas, aunque sea de forma no consciente, las personas hablan de sí mismas.

Sin embargo, ese es otro tema y me gustaría extrapolar mi argumentación, «deporte-individuo», a las famosas figuras futbolísticas.

Comienzo por Messi que ha demostrado ser, bajo mi punto de vista, un inmaduro profesional. Su deambular perezoso y sin alma por el campo rayaba el insulto, y no demostró en ningún momento la motivación de los campeones. En el Barcelona, le tienen entre algodones, rodeado con futbolistas talentosos que le quitan mucha presión, y que cuando él no tiene el día, le resuelven la papeleta al equipo blaugrana. No obstante, cuando toda la carga es suya, la estrella argentina se diluye como un simple azucarillo.

Ronaldo, es la cara opuesta, a pesar de también fracasar con su selección. Sin embargo, si no fuera por la estrella lusa, no habrían llegado ni a octavos. ¿Qué sería Portugal sin el ego desmedido del delantero?

Pues, poca cosa.

Aun así, es el jugador que todo equipo desea tener. Chilla, pide el balón, demuestra carácter, no le importa encararse con su propios compañeros, no quiere y ni le interesa hacer amigos, y ni mucho menos, ser uno más. Quiere ser el mejor y quiere GANAR. Se le puede criticar de todo, pero, su hambre de vencer y su orgullo, pueden con mil Messis. ¿Por qué? Porque, a diferencia del 10 de la albiceleste, es un líder, toma la responsabilidad y monta a su selección sobre sus espaldas, sin rechistar. No se esconde como el ídolo argentino. Y, esto, es indiscutible.

Neymar, es de los tres, el que más repelús me da con diferencia. Se disuelve, igual que el delantero del Barcelona cuando vienen mal dadas, y, para más inri, es un tramposo en la cancha. Además, su ego, es un postureo insoportable del que no se beneficia Brasil en contraste con la estrella portuguesa. En definitiva, tiene lo peor de ambos.

Nadie duda de su talento con el esférico, sin embargo, no vacila en buscar siempre el engaño al árbitro. Gracias en este mundial al novedoso VAR hemos podido comprobar todas las miserias del delantero brasileño. La «Asistencia Arbitral por Video» ha llegado para quedarse.

El fútbol gana con esta nueva tecnología.

«Asistencia Arbitral por Video» (VAR)

Una de las nuevas normas que propondría es que el malicioso que intente una artimaña tramposa para sacar rédito en el césped y se descubra, por ejemplo, un penalti, se castigue con lo mismo que se pretendía buscar, y sumarle, como mínimo una tarjeta amarilla, o roja, si fuera menester, dependiendo el color de la amonestación de la gravedad del fraude que se pretendía conseguir.

¿Les parece muy severo? A mí, no.

A los estafadores, ni agua. Y punto.

Con una nueva normativa así los resultados no se harían esperar. Veríamos, más pronto que tarde, como sentamos un magisterio de ética y decencia, por la vía expeditiva.

Y, por cierto, ya que estamos acabando los cuartos de final, ¿por qué selección hinchas para campeona del mundo?

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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JUSTICIA SOCIAL

Publicado: 6 junio, 2018 en Artículos Opinión

Nunca hemos estado tan interconectados. Jamás ha habido la facilidad de tantísima información a un solo click. Sin embargo, hoy, más que nunca, el adoctrinamiento, el encefalograma plano y el aborregamiento campa a sus anchas. Lo que sale en las redes sociales, la televisión, y medios amarillistas es lo que sacude a buena parte de la sociedad. Un caldo de cultivo donde ciertos colectivos radicales subvencionados hacen su agosto y, muchas personas, siguen sus lemas sin espíritu crítico repitiendo sus dogmas de fe sin saber que subyace detrás de cada credo aprendido.

El fanatismo crece y uno se siente muy impotente.

Aunque, el verdadero éxito de este desatino es el eufemismo de cómo han vestido estos movimientos, es la denominada “justicia social”, que es cualquier otra cosa, menos justicia.

¿Y cómo es posible que dos palabras tan hermosas, juntas, sea un dislate? Porque se basa en la emoción y, una justicia emocional, no es justicia. Para ser más breve, justicia social = injusticia, o lo que es lo mismo, las calientes emociones prevalecen sobre los fríos hechos. La verdad, y su búsqueda objetiva, queda en un segundo plano.

La justicia debe ser SIEMPRE ciega.

¿Qué nos está sucediendo? ¿Será por vagancia, por la prisa vivencial, porque es más cómodo dejarse llevar, ser un autómata y no cultivar un pensamiento reflexivo y emancipado? Desconozco la respuesta, aunque, seguro que es la suma de muchas causas.

Por ejemplo, anoche, vi en el noticiero, que en el concurso de Miss USA ya no desfilarán en paños menores porque están muy sensibilizados con el movimiento metoo y, desde ahora, van a valorar el talento y el ingenio. Una sonora y espontánea carcajada me invadió. No pude reprimirme. Pero, vamos a ver, ¿es un concurso de belleza o de ingeniería superior? ¿Se nos está yendo la olla?

Pues, discúlpenme, por resistirme.

Por esa lógica, a los buenos mozos que se presenten a Mister España ya no transitaran por la pasarela, marcando músculo, y con un escueto taparrabos. Imagino que valorarán que hayan leído a Juan ramón Jiménez y que sepan resolver algoritmos de alta dificultad, digo yo. ¿Ven al absurdo donde nos lleva los movimientos de justicia social? No solo trae injusticia, también, manipulación, alineada dictadura y poder sobre las mentes.

Y, los medios de comunicación, aplaudiendo.

Sigamos, entonces, alimentado al bonito monstruo, hasta que llegue el día que sea demasiado tarde y, nos devore.

Un abrazo sexpiritual.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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