Quisiera en este post hablar de un tema que ya va siendo hora de trascender, de dejar a un lado la hipocresía para siempre, y ese asunto tan manido es la prostitución; sea esta masculina o femenina.

¿Hombres prostitutos? “Eso no existe”, dirán, o “será casi residual”. Bueno, no tengo ni idea de cuántos hombres venden su cuerpo por sexo, pero seguro que es ínfimo. Sin embargo, sí me gustaría que lean esta anécdota personal:

Hace unos años, tuve un encontronazo con la prostitución más subyugada en Bilbao. En la estación de tren de Abando, en el centro de la villa, fui a usar los urinarios públicos. Al poco de entrar en los servicios, me fijé en que estaba lleno de jóvenes marroquíes, bien vestidos y con buena presencia, que salían y entraban con diligencia de los excusados. Algo raro presentía y no me equivocaba. Al entrar, vi un anciano al otro extremo meando, o eso creía. Se me aproximó mientras yo estaba vaciando mi vejiga y, señores lectores, ¡estaba el octogenario empalmado como un toro mientras se pajeaba sin dejar de mirarme! ¡Vaya pedazo de nabo tenía el puto viejo! Descojónate tú del Nacho Vidal ese. Bueno, ahora me río, pero, en aquel momento, me sentí muy violentado; ni que decir tiene que salí de allí escopetado y no he vuelto.

Según algunas fuentes en el Reino Unido casi el 20% de la prostitución es masculina

Sí, ya ven, también hay mucho currela sexual varón e inmigrante en condiciones humanas que dan vergüenza ajena. Al menos, si lo hacen porque quieren, que disfruten de una decencia profesional; porque señores, si hay demanda, ¡esto va a seguir EXISTIENDO!

Y esto pasa todos los días, a plena luz, en el centro de nuestro queridísimo «Botxo».

En cuanto a los servicios sexuales mayoritarios, es decir, de mujeres a hombres tengo que decir que he conocido tipos, la mayoría muy inteligentes, con unas capacidades casi nulas para relacionarse con el sexo contrario.

Créanme, incapacidad total y cero autoestima con las chicas.

Es curioso que estos varones respondan a un patrón de personas con un alto coeficiente intelectual y que suelen ser, por lo general, informáticos, ingenieros o de cualquier otra carrera técnica para la que se exige una gran nota media en bachiller. Vamos, lo que en mis tiempos llamábamos un «cerebrito».

Cuidado, no estoy diciendo que todos los informáticos o ingenieros sean unos nerds o unos «planchabragas».

No.

El sinsentido de poner «puertas al campo»

Digo que a muchos de esos chicos les sobra talento para los estudios, pero carecen de inteligencia emocional. Incluso con sus propios amigos. Entonces, imagínate con las féminas. Son hombres que sufren porque no saben cómo acercarse a una mujer y, claro, cómo conseguir sexo y de paso, quién sabe, una relación sólida.

No soy psicólogo pero, tal vez, su desarrollada mente lógica se desmorona ante la percepción más emocional de una mujer…

Y es que la seducción para ellos es un juego que no comprenden.

En verdad, para muchos de estos muchachos una salida airosa es la prostitución. Por eso, y porque gente así ha habido siempre, defiendo la prostitución. No sólo porque es un trabajo digno, sino que además, en estos casos extremos, es incluso un servicio necesario.

la «doble moral» e incoherencia de los pensamientos totalitarios

Pero tampoco soy tan considerado…

También defiendo la prostitución para cualquier otra persona.

Sí, simplemente por gusto o porque sí.

Porque no veo ningún mal entre dos adultos que consienten y llegan a un acuerdo comercial beneficioso para ambas partes.

Es importante, repito como al principio del post, dejar la hipocresía y dignificar a los profesionales del sexo. Es necesario que la prostitución sea legal y que estas personas tengan el alta en la Seguridad Social y, así, poder tener sus derechos y deberes como cualquier otro trabajador, sea éste hombre o mujer.

Cierta gente y ciertos colectivos, generalmente feministas radicales, que están en contra de regularizar la prostitución, solo lo argumentan desde la moralidad. O más bien, desde SU, más que discutible, moralidad. Y la moralidad de cada uno no debe interferir en la legalidad. Porque, en mi opinión, en temas sociales, los argumentos emocionales NUNCA deben imponerse a los lógicos.

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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PATRIOTISMO Y COMPLICIDAD

Publicado: 10 noviembre, 2018 en Artículos Opinión

Chicas animando por sus colores en el pasado Mundial de Rusia.

Verdad es que nunca comprendí bien la pasión por una bandera. Entiendo que representa una idea de propiedad territorial, o digamos, geográfica. Los nacionalismos y patriotismos me desapasionan. Nada tengo en contra de la gente a la que se le inflama el corazón con una bandera, pero no comparto esa emoción. No es nada personal, no me sale y punto.

Por ninguna, además.

Eso no quiere decir que cuando hay un Mundial o una Eurocopa de fútbol, o algún torneo internacional de cualquier deporte y juegue un español, prefiera que gane la persona nacida en el país que habito.

¿Me hace eso ser patriota?

No lo creo.

Argentinas animando a la albiceleste

Simplemente, responde a una afinidad y complicidad cultural con la persona que compite. Por eso, si el deportista es vasco, tengo aún más afinidad. Y, si además, es vizcaíno, se aumenta. Y, si lo reducimos todavía más, y resulta que el deportista es de Bilbao y del barrio donde respiro, ¡ya ni te cuento!

Es el poder de la proximidad. Nada más

Por supuesto, no responde a ningún raciocinio lógico hinchar por alguien que ha nacido más cerca geográficamente de ti que de otro que no. Pero no puedo evitar que así sea.

Igual me pasa cuando no hay ningún vasco o español en el envite, que, por defecto, animo al hispano, si lo hubiere, porque nos une la lengua materna: el cervantino.

Decía Molière que prefería un vicio tolerante a una virtud obstinada. Y yo me tomo la licencia de tener este tipo de patrones emocionales para alentar a uno, u otro, profesional del deporte.

Pienso que cuando has competido, este tipo de pautas se diluyen un poco, porque aprendes el valor de que en el deporte gane siempre el mejor, sin injusticias. Por eso, si gana un francés a un vasco, un irlandés a un español o un senegalés a un hispano, si ha sido en buena lid, me alegro por el ganador.

Repito, SIEMPRE me alegro que gane EL MEJOR.

El apoteósico e imapagable partido entre Federer y Nadal en 2008 (Wimbledon)

Sin embargo, si gana por quien me hermano en la disputa deportiva, pero es de una forma injusta o, digamos, por un error de arbitraje, lesión o infortunio del contrario, entonces, no me alegro.

No me alegro para NADA.

Supongo que es porque una nacionalidad, sea la que fuere, no me define, porque aunque suene obvio, antes que nada soy un ser humano y, eso, es lo que más me importa.

Hace poco hubo una polémica, otra más, porque un humorista se sonó los mocos en la tele con la bandera española. Supongo que este bufón buscaba incendiar las mentes sensibles y, claro, lo consiguió.

Me da un poco de lástima, porque es muy fácil perturbar a personas que se sienten muy hermanadas con un emblema nacional. No obstante, quiero añadir algo: que a mí esto me aburre un poco. Y me cansa que sea siempre con la misma jodida bandera, es decir, la española.

A nadie se le ocurre ningunear a cualquier otra bandera. Sí, porque para hacer el payaso con cualquier otra parece que no hay bemoles.

Bueno, sí, en los estados islámicos radicales suelen quemar la de USA, pero esa es otra cuestión…

Ritxard Agirrehttps://ri2chard.wordpress.com/

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El protagonista Daniel Larusso (Ralph Macchio, derecha) y el antagonista Johnny Lawrence (William Zabka, izquierda)

Muchos somos los que recordamos el film de 1984 «Karate Kid», de John G. Avildsen, director también de la aclamada «Rocky» (1976).

En el final de aquella película de artes marciales de los ochenta, Johnny Lawrence, en contra de las órdenes de su sensei, felicita a Daniel LaRusso por vencer en el torneo de kárate y recibe, por su desobediencia, una buena tunda de parte de su maestro.

Más de tres décadas después, la serie retoma a ambos protagonistas y nos muestra cómo llevan sus vidas. Por supuesto, a Daniel LaRusso le va de rechupete, y al pobre de Johnny Lawrence… casi mejor véanlo por ustedes mismos, porque, en mi opinión, la serie es él.

Y es que el personaje de Daniel LaRusso siempre me pareció ñoño, aburrido y con menos carisma que un bocata de lentejas.

El dojo de «Cobra Kai» con el sensei Johnny Lawrence

No obstante, la serie nos hace entender que, dentro de esa disputa del bien contra el mal, los roles ya no son tan estáticos ni delimitados como en la película original de 1984. «Cobra Kai» nos aporta un enfoque más equilibrado, con un cambio de papeles entre el protagonista y el antagonista tan feroz como apropiado. En verdad, ni los buenos poseen tanta bondad y luz, ni los malos son tan despiadados y oscuros.

La decena de episodios que forma esta primera temporada me la zampé en un par de días, y hubo momentos en los que casi tengo que irme a un rincón a llorar de la emoción. Es de justicia añadir que la selección de temas originales de la época ayuda, y mucho, a agitar los corazones de los que ahora somos algo más que pasaditos cuarentones.

Sí, ya lo sé, soy un carroza.

«Cobra Kai» nos descubre el niño que tenemos dentro y que, durante esos diez capítulos, sale a corretear.

El poderoso mensaje que te regala la serie es que, si te oprimen, te amenazan, te fuerzan e imponen, ¡cojones!, no lloriquees, no te hundas, no te largues corriendo a sectas de autoayuda o a colgar tus problemas en Twitter, Facebook o WhatsApp.

¡Desobedece y lucha!

Johnny con uno de sus pupilos, «Halcón»

Strike First, Strike Hard, No Mercy (golpea primero, golpea fuerte, sin piedad) es el lema de la escuela de Kárate Cobra Kai y mana grandes dosis de «testiculina».

Me gustó mucho el sugestivo cambio de esos adolescentes marginados por personas llenas de autoconfianza. Muy importante el mensaje que subyace sobre el peligro de que los adultos, padres y maestros traspasen sus fobias y traumas a sus hijos y alumnos.

Solo puedo deciros que estoy deseando que llegue la segunda temporada.

Para finalizar, os dejo con mi escena predilecta: Johnny y Daniel en el coche con REO Speedwagon y ese maravilloso tema que es «Take it on the run» a todo volumen. Aparece una efímera complicidad entre ambos, resulta que tienen más cosas en común de lo que nunca hubieran sospechado.

Sin embargo, esa «hermandad» dura un suspiro…

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CHARLIZE THERON como la madrastra bruja en “Snow White and the Huntsman”.

Cuando era niño me apasionaban los dibujos animados, sobre todo, los personajes de la Warner: Pato Lucas, Bugs Bunny, el Gallo Claudio, etc.

Vale, de acuerdo, me siguen gustando y mucho.

Sin embargo, mi relación con las producciones Disney eran de amor–odio y, encima, me irritaba que la mitad de metraje de sus films fuera con canciones insoportables para mí.

La madrastra de «Blancanieves»

No obstante, había algo más, algo que entonces no sabía poner en palabras, pero que ahora sí puedo explicar. Y es que los gags surrealistas de las producciones Warner, con la loca música de Carl Stalling, del que soy ferviente fan y al que recomiendo, chocaban con los films aleccionadores de Walt Disney y sus ñoñas bandas sonoras.

Bueno, hay algún film de Disney que sí mola, y mucho. Hay excepciones, como la excelente música de «El libro de la selva», «El rey León» y «Los tres caballeros»; este último, un largometraje animado que seguro fue hecho por guionistas y animadores hasta arriba de LSD o con un buen chute de ayahuasca. Yo recomiendo disfrutar esta música a todo volumen, con un buen equipo de sonido y algún psicoactivo.

Pero regresemos a lo peor de Disney y a su forma tan «edificante» de aleccionamiento oculto. Su encumbrada «Blancanieves y los siete enanitos» me sirve de ejemplo, además de que era una de las películas que más aversión me producían.

Y todo era por el mensaje subyacente.

La madrastra inspirada en Joan Crawford

Empezaré por decir que la bruja, madrastra y supuesta malvada del cuento, me atraía, y mucho. Incluso para el crío imberbe que era yo entonces, la belleza de la hechicera era, para mí, mucho mayor que la de la sosa de Blancanieves, con ese horroroso peinado, esa inocencia insoportable y ese vestuario ridículo. ¡El ceñido y sexy vestuario de la bruja sí que era cautivador! Una auténtica femme fatale.

Para la madrastra del film de 1937, los guionistas y dibujantes tomaron como modelo a Joan Crawford, una actriz enérgica y de furiosa belleza.

En cambio, Blancanieves tiene cara de boba, y se supone que representa a las princesas; por lo tanto, ¿si eres princesita, tienes que ser tontita? ¿Es eso lo que nos quieren indicar? Y, sin embargo, la reina, la mala malísima, es una beldad de órdago. La madrastra no solo luce un cuerpo de pecado, alta y esbelta, sino que, además, tiene carácter y personalidad. Todo lo contrario a la insustancial de su hijastra.

Pero el primer rechazo que sentí de chiquillo fue cuando al mentecato del espejo le da por mentir y dice que la anodina de Blancanieves es más chachi que la madrastra.

Ver para creer.

Kristen Stewart y Charlize Theron

Incluso en la revisión de 2012, con actores de carne y hueso, en «Blancanieves y la leyenda del cazador», la hechicera está protagonizada por Charlize Theron, que todos los varones con dos dedos de frente sabemos que es una mujer de bandera. Y la pálida Kristen Stewart, famosa por la edulcorada saga vampírica de «Crepúsculo», interpreta a Blancanieves. No me negarán que hay que tener muy mala leche para pretender hacernos creer que la actriz de Los Ángeles (Kristen Stewart) puede rivalizar en divinidad con la actriz sudafricana y ganadora de un Oscar en 2003 por su interpretación de una asesina en serie en el film «Monster», Charlize Theron. Solo por eso no he visto la película, ni la veré.

Vuelvo al clásico animado de 1937 y, en mi opinión, lo peor de todo el film es la befa y el escarnio que sufren los enanitos. Y es que son el verdadero arquetipo de los auténticos «planchabragas», es decir: son majos, simpáticos y atentos, y, por si fuera poco, son ricos.

¿Y qué pasa en estos casos?

Blancanieves y los 7 «pagafantas»

Que tienen que soportar la humillación de que venga un príncipe azul, con su polla azul, a desencantar a la niña.

Esto, señores, es la degradación máxima para un hombre, porque les recuerdo que los enanos, por muy bajitos que sean, también son hombres.

No obstante, y para regocijo de la hipergamia, Disney nos enseña que solo el beso de un hombre alto, esbelto, rubio, de cuna noble y con el perfil de novio de Barbie puede quitar el hechizo de la malvada madrastra.

Para mear y no echar gota.

Pero, no importa, yo siempre soñé con consolar a la madrastra, llámese Joan Crawford o Charlize Theron, y sustituir a su embustero espejo para susurrarle al oído que ella sí es la más bella del reino.

O, al menos, de mi reino…

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Ozzy, fan de «El Rugido Secreto»

A veces tengo delirios, fantaseo. Son momentos conscientes de ilusiones, y confieso que me dejo arrastrar. No veo nada malo en ello, siempre que no confunda la fantasía con la realidad.

Esos instantes los consigo de varias formas; una es con la lectura. Y prefiero hablar de la lectura porque a la vez que me psicoactivo, curiosamente, también mi ego se disipa. Yo ya no estoy, me pierdo en la historia o en la aventura que el cómic o libro me regala.

Kuka loves reading with me

Entonces, sucede que mi gata Kuka, la esquiva felina de mi casa, se acomoda cariñosa por sorpresa en el hueco que deja mi pecho y mi hombro derecho. Esto solo ocurre cuando leo. Se pone a mi vera y parece escuchar el texto que ojeo, va de mi mente a la suya:

«Los gigantes, esos seres de fábula, ¿fueron leyendas o una vez existieron? Según una teoría del científico Horbiger, sí vivieron en un pasado no especificado. En alguna era antecesora. Según este austríaco, la Tierra tenía tres satélites más, aparte de la Luna. La caída del primero acabó con la primera civilización humana, de la que no se tiene información. El segundo, al parecer, debió acabar con la Atlántida, y el tercero daría comienzo a la glaciación.»

Mi preciosa tricolor de cola abundante empieza a ronronear. La lectura junto al calor de su pelaje es verdadero éxtasis. Pienso que cualquier gigante, si en verdad hubieran existido, sería dichoso con un gato al que acariciar.

Le rasco la cabeza a Kuka, y se encoge con gusto.

Gatos y lectura: la energía perfecta e intangible entre el humano y el felino.

Kuka is happy reading comics

«Según una teoría del físico austríaco-estadounidense Dr. Fred Singer, los habitantes de la Tierra podríamos ser, en esencia, hijos de la Luna. Nuestro satélite podría haber sido, en principio, un cuerpo libre, atrapado por la gravedad de nuestro planeta y obligado a girar en su órbita. El casi choque de este satélite con nuestro planeta, por la excesiva aproximación que llegó a tener, pudo producir la pérdida de gases, y la creación de otros nuevos, que fomentaron la aparición de la vida.»

Mi nena gatuna sigue mimosa y me mira fijamente mientras su vibración corporal me exige más atenciones. Sube su cuello blanco, invitándome a que le acicale esa zona. Y claro, obedezco.

Estoy seguro de que Kuka, como buena caprichosa, es hija de La Luna.

La consiento tanto que se me queda frita.

«En los ochenta, la famosa obra de Johanot Martorell, Tirant to Blanc, ensalzada por el mismísimo Miguel de Cervantes, fue un éxito de ventas en USA, más en concreto en Nueva York, en edición de libros de bolsillo. Curioso, ¿verdad?»

Me cuestiono si a mi gata le gustarán las novelas antiguas. En mi experiencia, lo que más le gusta son las historietas de Alan Moore y de Neil Gaiman, entre otros. Tiene buen gusto la ladrona.

Con dificultad, intentando no perturbar su sueño, paso a la siguiente hoja de mi revista.

Micifú loves comics, too

«Según físicos y astrónomos, el mundo material se crea a partir del hidrógeno, el elemento químico más simple, el primigenio (formado por núcleo y un solo electrón girando sobre él), y luego se formarían el resto, 103 elementos más de mayor o menos complejidad.»

Creo que mejor me levanto y voy a por una novela gráfica. Excesiva información, y excepto los dos últimos párrafos, el resto era todo hipótesis sin demostrar científicamente. Prefiero los cómics: son más ajustados a la realidad.

¡Oh, Dios santo! Bajo el sobaco izquierdo, con su cabecita apoyada a la altura de mi corazón se acomoda Micifú. Mi felino negro se ha apropiado del lugar, y está roque.

Y yo, aquí, clavado como Jesucristo en la cruz.

Dita sea…

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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Cuando era más inocente solía hacer caso de lo que las personas contaban.

Ya no.

Ahora, apenas atiendo a la palabra de la gente que me rodea, y me fijo mucho más en lo que hacen.

Y, no hay que equivocarse, porque en mi opinión, es lo que hacemos lo que nos define.

Por ejemplo, conozco muchos comunistas que expresan serlo a pleno pulmón. No obstante, son comunistas que disfrutan de su vida capitalista con su automóvil, vivienda en propiedad, reloj de alta gama, sus fiestas y cenas en caros restaurantes.

Son comunistas de teoría, es decir, me río yo de su «comunismo».

En teoría, yo también puedo decir que soy Superman, y aunque nunca me veas volar, ni levantar coches, ni rescatar gente en apuros y dar una somanta palos a los maleantes de turno, yo digo que soy «el hombre de acero»; y nadie me lo puede discutir.

En verdad, soy tan Superman como esos grotescos tipos que dicen ser comunistas.

Por eso respeto a las personas que hacen lo que piensan y dicen, si bien no comparta sus ideas, porque son coherentes.

Esa gente, repito, tiene mi respeto.

No soy yo un ideólogo. Sin embargo, si eres socialista, feminista, capitalista o lo que te salga de los bemoles, si respiras lo que dices, con todas las consecuencias, incluso cuando no te conviene, entonces, tienes mi confianza.

La impagable «coherencia» feminista

No obstante, la realidad es que si soy crítico con los comunistas es que soy un capitalista sin corazón. Si soy crítico con los independentistas y defiendo la Constitución es que soy un facha de derechas. Si soy crítico con el feminismo es que soy machista. Si critico que, por enésima vez, se vuelvan a abrir las heridas de Franco y la Guerra Civil, es que soy fascista. Si critico que lleguen tantos inmigrantes ilegales es que soy racista…

Y es que tanta simpleza me apabulla.

Porque, en definitiva, a los comunistas que yo conozco les encanta la sociedad de consumo. A las feministas que escucho y piden igualdad, les gusta las sexistas leyes de violencia de género y discriminación positiva, entre otras, que les confieren privilegios sobre los demás. A los socialistas, y gente de izquierda en general, que piden que suban los impuestos por el bien común y social, pero solo a los ricos, a ellos, por supuesto, no. A los independentistas, que se hacen funcionarios para cobrar una nómina de un estado que aborrecen. A los que se les llena la boca condenando la dictadura de Franco y luego son incapaces de reprobar los estados totalitarios de Cuba y Venezuela. Y así, un largo etcétera; a toda esa turba incomprensible por falta de coherencia, les tolero demasiado.

Pero les respeto poco.

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Gary Cooper interpreta a Will Kane, sheriff de Hadleyville

Hace unas semanas degusté por segunda vez el famoso wéstern crepuscular «Solo ante el peligro» (High Noon).

Ya pasé la cuarentena y disfruto más de esas películas ahora que en mi adolescencia y juventud. Según transcurre la vida, en mi opinión, soy más consciente de esas pequeñas pinceladas que hacen grandes a las obras artísticas y, gracias a ello, las disfruto más.

Me ha pasado con clásicos como «Blade Runner» (Ridley Scott, 1982) y «2001. A Space Odyssey» (Stanley Kubrick, 1968). En su día me parecieron lentas y aburridas. Sin embargo, en un segundo visionado los comprendí como lo que son: obras maestras.

Y es que el cambio está en nosotros, porque el film sigue siendo el mismo.

Un joven Lee Van Cleef (izquierda) y primer papel en el cine

Retomando el wéstern de 1952 de Fred Zinnemann, «High Noon», es un verso a la soledad del héroe. Gary Cooper representa a ese hombre que, en algún momento, a todos los varones nos hubiera gustado ser; hoy, ese arquetipo masculino podría ser incluso más difícil de lograr que antaño por razones obvias, que todos conocemos: el bombardeo continuo sobre la «masculinidad tóxica» y la criminalización de lo masculino en general, un bombardeo bien controlado por los medios de comunicación.

Impagable el duelo interpretativo entre las dos actrices principales, Grace Kelly y Katy Jurado, donde la segunda le enseña a la primera la importancia de ser mujer y, sobre todo, esposa, al menos en aquellos tiempos duros.

En este film, la espera tiene más acción que la propia acción. El inevitable final de pistoleros languidece ante la humillación del protagonista al ser ignorado por todo el pueblo, y termina resultando conmovedor.

Duelo interpretativo de Katy Jurado (izquierda) y Grace Kelly (derecha)

Sí, ignorado; excepto por un niño y un borracho: los únicos que le ofrecen ayuda para enfrentarse a los forajidos, que llegan en el tren de mediodía para adueñarse del poblado. Nuestro protagonista, por supuesto, rechaza con dignidad el ofrecimiento de ambos, y confieso que con la oferta de auxilio del borracho me emocioné. Me emocionó cómo implora a Gary Cooper que le permita ayudarlo para así tener «una oportunidad» para salvar su honor, para dejar de ser el borrachín del pueblo, «el bueno para nada», incluso a costa de perder su propia vida.

Una pasada, amigos, esa escena.

Los buenos secundarios hacen más fuerte al protagonista. Es importante que tengan grandes papeles con los que encumbrar a la estrella principal.

Muy atentos a la música de Dimitri Tiomkin, una joya que recibió el Oscar a la mejor BSO.

Y ahora deseo contaros una anécdota personal.

«High Noon», es un verso a la soledad del héroe

Recuerdo que, en mi adolescencia, una vez una serie de macarras agredieron a uno de nuestro grupo en un bar. Creo que solo eran dos, y nosotros, tal vez, una docena.

Solamente uno de nosotros, y no fui yo, se alzó a increparlos jugándose el tipo, porque era obvio que los agresores buscaban la pelea. El resto estuvimos sentados; no nos atrevimos ni a levantarnos a apoyar a nuestro amigo agredido ni a reforzar al único que osó plantarles cara en aquella taberna, a pesar de nuestra clara superioridad numérica.

Aunque no pasó a mayores, aquella noche, y hablo por mí ya que desconozco cómo se sintió el resto, me vi como el ser humano más miserable y cobarde del universo.

Aún lo recuerdo demasiado bien.

Y es que hay ocasiones en las que la vida solo se basa en dos importantes conceptos: el MIEDO y el VALOR.

FICHA TÉCNICA:

Título original: «High Noon» (1952)

Producción: Stanley Kramer y Carl Foreman.

Dirección: Fred Zinnemann

Guion: Carl Foreman

Música: Dimitri Tiomkin

Género: Wéstern

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LA «ODISEA» DEL VOTO

Publicado: 28 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

Votar es una desdicha.

Una desdicha en los tiempos que toca vivir.

Los partidos políticos son como sectas, es decir, con poca o nula autocrítica; eso les impide entender que, a veces, erran. En ocasiones, la izquierda tiene razón; en otras, la derecha, e incluso, en algunos aspectos, por increíble que parezca, la extrema derecha y la extrema izquierda pueden tener más lucidez.

Sin embargo, las ideologías cerradas de los partidos les impiden crecer y, para un inconformista, el voto se convierte en una odisea. Sobre todo, porque me gusta votar con responsabilidad.

Decía Ortega y Gasset (filósofo y profesor español, 1883-1955) que: «El hombre no tiene naturaleza, solo tiene historia».

Y mi historia, hasta el momento presente, tiene una parte latente de idealismo. No obstante, en temas que a todos atañen, es decir, los sociales, suelo inclinarme por el pragmatismo. Me gusta tener una vida ordenada, pero sin perderme el placer de conservar una mente abierta. Gozo mucho de la compañía de otros pensamientos y culturas.

De la derecha no me gusta su autoritarismo ni sus posiciones herméticas y piramidales de poder, y de la izquierda, no me place su incapacidad de dar stop a políticas que nos van a perjudicar a corto plazo, como abrir fronteras sin control y regalar el dinero de todos a ciertos colectivos «oprimidos», para ganar votos y producir clientelismo electoral. Pero lo que menos soporto es su prepotente superioridad moral.

La izquierda posmoderna y radical no solo es ignorante, sino que además se inventa con descaro sus verdades, ideologías como el «construccionismo social» y la «posverdad», que niegan la lógica y la ciencia, y que tanto daño hacen al conjunto de la sociedad.

En el aspecto geográfico me ha tocado nacer en Bilbao; por tanto, soy vasco, aunque no soy independentista más que de mi propia individualidad. Me gusta que tengamos autonomía, fueros y estatuto, y no concibo una tierra euskaldun sin cierto grado de soberanía social.

Tampoco me gusta en demasía la bandera española y, mucho menos, la monarquía, que me parece casposa y arcaica.

Nada me place que la Iglesia Católica se lleve parte de mis impuestos y, para más inri, sea beneficiaria de cierta clase de exenciones fiscales, como, por ejemplo, no pagar el IBI.

Así que, con este cuadro vivencial, por favor, ¿alguna mente iluminada puede decirme a quién demonios, o dioses, debo votar?

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La vida es como montar en bicicleta. Para poder mantener el equilibrio, tienes que seguir moviéndote.Albert Einstein (Físico, 1879-1955)

Lo bueno de salir en Mountain Bike es el contacto directo con la Madre Naturaleza y, además, la ausencia de vehículos a motor.

Siempre he dicho que, en caso de algún inoportuno accidente, la responsabilidad recae en mayor proporción en el propio ciclista.

Sin embargo, en el asfalto hay ciertas variables obvias de peligro que no controlamos.

Un buen día, con otros compañeros ciclistas, nos fuimos a recorrer en BTT Urbasa (que en euskera significa «bosque húmedo») con sus sierras colindantes, valles, dolinas, simas, cañones y bosques mágicos.

Panorámica de «El balcón de Pilatos»

Y, sin duda, aquella fue una gran idea.

No suelo hacer posts de ciclismo, excepto tal vez, la reseña que hice del genial ciclista francés, Laurent Fignon, con su obra: «Éramos jóvenes e inconscientes».

El día señalado para rodar fue el ideal porque la meteorología nos acompañó en grata temperatura.

La ruta, casi en su totalidad, fue por pistas y senderos, y nos llevó todo el día de pedaleo. Las paradas para comer y para disfrutar de los paisajes naturales hicieron que el tiempo estimado se acrecentara hasta casi el anochecer.

Al poco nos encontramos con el Balcón de Pilatos, una parada obligatoria, para más adelante, emprender la pedalada por despejados senderos de pastoreo.

Continuos subes y bajas por limpias y despejadas pistas que, en ocasiones, nos conducían a irrumpir en frondosos bosques llenos de hojas caídas, con musgo en las rocas y piedras, regalando así un bonito espectáculo para los sentidos.

Lugares, sin titubeo, mágicos.

Aprende a manejar una bicicleta. No te arrepentirás.Mark Twain (Escritor, 1835-1910)

Recorrido de Urbasa en BTT

Asombroso fue también llegar al «Alto de Baitza» y su extraordinario mirador.

La bajada fue por otro pasmoso bosque que, yo personalmente, muchas veces decidí bajar de la bici por ser la senda bastante maltrecha, técnica, larga y moderadamente peligrosa.

Llegamos a Santa Marina subiendo por la pradera. No es muy largo el repecho, no obstante, ya comenzábamos todos a sufrir el cansancio acumulado.

Una vez allí disfrutamos de otro fabuloso paisaje y contemplamos a varias personas practicando parapente.

Finalizamos el circuito con uno de los mejores momentos a pesar del cansancio que nos hacía mella, acumulado además, por muchas horas sobre nuestras Mountain Bikes. El regalo final fue pedalear por otro sorprendente bosque hayedo, para encontrarnos con hermosos caballos y rebaños de vacas, pastando libres.

Agotados, aunque muy satisfechos, terminamos en el camping de Bioitza.

Comparto algunas instantáneas que, por muy bellas que sean, os aseguro que no forjan justicia a este viaje fantástico sobre la bicicleta.

No quiero abandonar mi bicicleta. Veo a mi abuelo, ahora en sus setenta y pedaleando alrededor del mundo. Para mí eso es hermoso. La bici debe seguir siendo siempre una parte de mi vida. – Stephen Roche (Ciclista irlandés retirado, ganador del Tour de Francia de 1987)

Roberto llegando a «Santa Marina»

«Making friends» en Urbasa

 

Parte panorámica de «El balcón de Pilatos»

Parte panorámica de «El balcón de Pilatos»

Roberto bordeando «Santa Marina»

Panorámica más extensa de «El balcón de Pilatos»

Alto de Baitza

«Alto de Baitza» y su extraordinario mirador

Oscar en el «Alto de Baitza» y, al fondo, un loco jugándose el tipo.

Roberto y Rubén sopesando el último impulso hasta a «Santa Marina»

Bifurcación con Roberto, Rubén y Oscar.

Oscar y Roberto gozando como niños y pasándolo «TETA»

*Varias fotos cortesía de Rubén Peña Batana

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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EL INSULTO DEL «REDUCCIONISMO»

Publicado: 14 septiembre, 2018 en Artículos Opinión

En mi niñez, adolescencia y juventud, cuando ETA estaba en un apogeo de sangre y muerte, recuerdo las miradas de la gente cada vez que estaba fuera del País Vasco y había un atentado.

Como si mi familia y mi círculo fuesen responsables.

Como si yo tuviera algo que ver.

En verdad, aquello era muy incómodo.

Hace poco, una persona de unos cuarenta años, afín al PSOE, en un debate me señaló como parte responsable, por mi condición de hombre blanco y heterosexual, de que ciertos «colectivos» sufrieran ciertas desigualdades.

Para especificar, me culpó de que la mayoría de las mujeres eligieran libremente (aunque esto último no lo valoró) carreras universitarias del campo de las artes y las humanidades, que no están tan bien remuneradas en convenios laborales como las carreras técnicas que suelen elegir los hombres, es decir, informática, ingeniería, etc.

Hay que señalar que las mujeres son mayoría en las universidades, pero nadie denuncia esto como un problema de desigualdad, claro.

Lo curioso es que este señor no se incluyó también como «responsable» supremacista porque no es heterosexual. Él, por supuesto, está en otro «colectivo oprimido» de esta pirámide social en la que parece que estamos viviendo. Y yo soy un «machirulo» privilegiado, que debería sentirme culpable de que las chicas no quieran ser ingenieras en lugar de maestras.

El debate se acaloró un poco porque no permití que me colectivizara. Igual que cuando los terroristas ponían una bomba, y tenía que soportar silenciosas miradas acusadoras sobre mi persona.

Esa forma de colectivizarnos a todos es muy típica de hoy en día: simplifica hasta el absurdo los comportamientos humanos, sin llegar a analizar en profundidad y con justicia las complejidades y las variables individuales.

En definitiva, es injusto y, además, insultante.

Y esto, en psicología, se llama «reduccionismo».

Soy un individuo, una persona, un librepensador; y lo que yo hago mal, no se extrapola a los demás, aunque me metan en un mismo grupo por mi sexo, raza o religión.

NO lo permito.

Solo soy responsable de lo YO hago.

Si me violaran un grupo de gays, ¿serían responsables todos los homosexuales? Si me atracara un inmigrante, ¿serían responsables todos los extranjeros? Si tuviera mala suerte en el amor, ¿serían responsable todas las mujeres?

Sería de LOCOS, ¿verdad?

Esto, lamentablemente, es la izquierda de hoy en día: una izquierda inmadura e infantil. Divide a la gente entre opresores y oprimidos. Dicotomiza la sociedad entre «buenos y malos». Niega las individualidades de las personas y, por consiguiente, enarbola la peligrosa bandera de la «justicia social».

Las ideologías, cualquier ideología, llevadas al extremo se convierten en sectas; la razón y la lógica se hunden en la miseria y solo tiene valor el adoctrinamiento emocional, bien controlado por puntuales dogmas.

Lo siento, pero no compro este «producto».

Yo no compro fanatismo.

Ritxard Agirre – https://ri2chard.wordpress.com/

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